
Noboa ganó por el anticorreísmo, entonces por qué este Gobierno pretende imitarlo y de esa manera dispararse al pie. Sus electores podrían caer en la decepción aceleradamente, lo que tampoco significa guiñarle el ojo a la Revolución Ciudadana. De ahí que una población sin opciones podría caer en la anomia, es decir en que cada quien se gobierne como le dé la gana, porque no hay instituciones confiables. Los partidos, menos. Y para ir a los hechos, la marcha contra la Corte Constitucional fue un desgaste innecesario, en un contexto en el que la gente exige certezas mínimas.
Y esto no supone que estemos de acuerdo con todo lo que ha hecho la Corte Constitucional, pero sí con el orden democrático. ¿Esto cómo se traduce? Que el ejercicio del poder tiene límites y que el arte de gobernar supone hacer lo mejor posible con esas limitaciones. En democracia, el primero que debe tener claridad de sus alcances y límites al gobernar es la primera autoridad. Ya suficiente tenemos con una Constitución hiperpresidencialista, sin perder de vista que estamos sobrepasados por una cultura política de caudillismo y polarización.
La democracia no se agota en las urnas, en las encuestas o en el manejo de una parcela de la opinión pública. Se construye todos los días, aprendiendo a ser demócratas y buenos ciudadanos. Entonces, que la próxima marcha sí sea por un nuevo pacto social para vencer la pobreza, la corrupción, la violencia, la impunidad, la exclusión, la negligencia, la mediocridad y la indolencia.