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¿Habrá otra guerra en Corea?

Por: Rodolfo Bueno

El 16 de julio de 1945, Estados Unidos detonó en Nuevo México la primera arma nuclear y menos de un mes después dos de ellas fueron lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Ambas bombas causaron la muerte de más de 230.000 personas y devastaron las dos ciudades. Cuatro años después, la Unión Soviética construyó su propia arma nuclear, Gran Bretaña lo haría en 1952, Francia en 1960 y China en 1964. India, Pakistán, Israel y Corea del Norte también tienen esta arma.

Washington y Moscú firmaron el 1 de julio de 1968 el Tratado de No Proliferación (TNP). Desde entonces, el mundo está divido entre los cinco estados que explotaron bombas atómicas antes del 1 de enero de 1967 y los que se comprometieron a no tenerlas y someterse al control del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ente autónomo de la ONU que garantiza y verifica el respeto de las obligaciones contraídas por los estados miembros del TNP.

El TNP es objeto de fuertes críticas por parte de quienes elevan sus voces contra un sistema que permite sólo a cinco estados tener arsenales atómicos mientras le impide a los demás. Y no les falta razón porque el TNP no prohíbe a ninguno de estos cinco estados fabricar nuevos tipos de armas nucleares; muy por el contrario, estos países cuentan con programas bien dotados de fondos para modernizar sus arsenales a largo plazo. La doctrina de la disuasión nuclear prevalece sobre la política de seguridad, lo que es el reflejo de un mundo dividido, desengañado y desamparado.

En 1992, Corea del Norte violó todos sus compromisos con el TNP y declaró que consideraría cualquier sanción en su contra como un acto de guerra. China propuso que la crisis se solucionara por medio de negociaciones. La posición de Pekín y el temor a la guerra lograron el acuerdo firmado en 1994, entre Pyongyang y Washington, según el cual Corea del Sur construiría en Corea del Norte dos reactores generadores de electricidad a cambio de que este país detenga su programa nuclear.

Este acuerdo estuvo vigente hasta fines del 2002, cuando EEUU lo dio por terminado. Corea del Norte se retiró en el 2003 del TNP, tras disputar sobre las “inspecciones de instalaciones nucleares no declaradas”. Posteriormente, expulsó a los inspectores del TNP y el 10 de febrero del 2005 anunció oficialmente que había fabricado armas nucleares “para la defensa contra la política del gobierno de Bush de aislar a la República Popular”.

Desde entonces, hubo negociaciones que reunieron a las dos Coreas, EEUU, China, Japón y Rusia. Después de una declaración común firmada el 19 de septiembre de 2005, Corea del Norte se comprometió a abandonar su programa nuclear y los cinco países mencionados se comprometieron a brindarle ayuda energética y garantías en materia de seguridad, lo que no se ha cumplido hasta la fecha.

Se pregunta: ¿Puede Corea del Norte deshacerse de su armamento atómico si no confía en EEUU, potencia con la que mantuvo una guerra que la devastó y eliminó a cuatro millones de su población? Sus dirigentes se empecinan en desarrollar armas atómicas y cohetes que las porten porque temen que su país tenga el mismo destino que tuvieron Libia e Iraq, después de que Gadafi y Saddam Hussein abandonaran sus programas nucleares.

Las constantes amenazas en su contra han llevado a que Corea del Norte fabrique una bomba de hidrógeno que puede ser transportada en sus misiles intercontinentales. Su sexta prueba nuclear es “un éxito total”, según ha declarado; para el resto del planeta es un terremoto político que pone en peligro la paz mundial. El presidente Trump catalogó a Corea del Norte de “Estado canalla” que se ha convertido “en una grave amenaza y fuente de incomodidad para China”, que Pekín busca ayudar “pero con escaso éxito” y como solución plantea “detener todo el comercio con cualquier país que haga negocios con Corea del Norte”; por su parte, su Secretario de Defensa declara que EEUU “está preparado para utilizar armas nucleares contra Corea del Norte en el caso de necesidad”. Todo esto sirve de pretexto para que EEUU instale armas nucleares y sistemas antimisiles en las fronteras de Rusia y China. Como siempre, la Unión Europea no tiene voz propia y sigue detrás de su amo, igual que un perrito.
Los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Putin, coinciden en “afrontar de manera apropiada” el problema nuclear coreano, cuya solución es “exclusivamente política y diplomática”, pues las sanciones son “inútiles e ineficaces” y “la histeria militar en torno a Corea del Norte puede conducir a una catástrofe planetaria”.

Si bien, los temores de Corea del Norte son fundamentados por las frecuentes amenazas de EEUU en su contra, estos ensayos ponen en riesgo la paz y la seguridad del mundo, pues cualquier paso equívoco puede conducir a una salida militar que lo empeore todo. Puesto que para la civilización una nueva guerra en la península de Corea sería catastrófica, el dialogo entre las partes es el camino hacia la solución de los problemas de esta región.

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