Por: Dr. Luis Rivadeneira Játiva
Sin lugar a duda, la universidad ecuatoriana va hacia donde le lleve la sociedad en su conjunto, pero, ante todo, su comunidad educativa y, de ésta, especialmente, el colectivo de docentes.
La Universidad de Cuenca organizó el Foro: “Hacia dónde va la universidad ecuatoriana”.
Como ponentes estuvieron Alfonso Espinoza, Rector de la Universidad Politécnica Nacional; Fabián Carrasco Castro, Rector de la Universidad de Cuenca; y, Esteban Samaniego, investigador.
Alfonso Espinoza, se refirió a la cobertura de la universidad ecuatoriana, la demanda frente a los cupos que ofertan las universidades públicas y los nuevos procesos de admisión que según manifestó benefician a la universidad privada. En lo referente al presupuesto de la universidad pública en el país, consideró que no responde a las demandas de crecimiento y de gestión académica y de investigación que las instituciones de educación superior deben tener. Advirtió la necesidad de analizar el concepto de calidad que en definitiva se relaciona con la respuesta que den las universidades para la satisfacción de las necesidades y expectativas de la sociedad. “El desafío entonces es determinar cuáles son las actividades que la universidad debe llevar a cabo para responder a las demandas sociales y el avance del conocimiento por sí mismo”.
Esteban Samaniego, centró su intervención en el reto que tiene la universidad ecuatoriana de generar conocimiento pertinente. En este marco priorizó el trabajo en redes como algo indispensable para el desarrollo del conocimiento, así como la departamentalización de la investigación y la academización de la vida universitaria. Tomó su experiencia personal, como referente de esfuerzo y del trabajo académico que se puede alcanzar con miras a priorizar la investigación y la gestión colectiva de desarrollo del conocimiento.
El Rector de la Universidad de Cuenca: Fabián Carrasco Castro, inició su intervención con una muestra a favor de los cambios propuestos, a los que considera necesarios en el camino hacia la calidad que persigue la universidad ecuatoriana; no obstante, anotó que éstos deben ser discutidos con los más diversos actores de la educación superior teniendo en cuenta que el cambio es un proceso que indiscutiblemente tiene un costo no solo económico sino también humano. Destacó la necesidad de ir hacia una universidad que investiga y responde a las demandas colectivas tendiendo siempre al mejoramiento de la calidad de vida de la gente. Criticó la gratuidad de la educación al indicar que lo único que se ha conseguido ha sido elitizar a la universidad pública favoreciendo al sector privado de la educación.
La tipología de las universidades, propuesta por la nueva normativa jurídica es otro tema que preocupa y con la que Carrasco expresa su inconformidad; pues, considera que si bien la universidad ecuatoriana debe ampliar y fortalecer la investigación, existen experiencias valiosas en las que universidades como la de Cuenca demuestran sus fortalezas en este ámbito y que lo único que requieren es apoyo para su crecimiento y desarrollo.
Las obligaciones actuales, provenientes en muchos casos de imposiciones verticales exigen mayor unidad de la universidad ecuatoriana; Carrasco, considera que es necesario que las decisiones se tomen desde la realidad universitaria lo que implica que sean las instituciones de educación superior los actores partícipes de los procesos de cambio.
Finalmente, vino la participación del público presente, cuyas intervenciones se concentraron mayormente en la función del estado, del gobierno y de las universidades en esta época de transformaciones que vive la educación superior del país.
Hemos expuesto lo que dijeron en el foro, los académicos, pero, lo más importante es lo que opine la sociedad ecuatoriana en su conjunto, la cual anhela una nueva universidad para el siglo XXI que sirva a la sociedad, que investigue y se vincule a la colectividad, a más de difundir los resultados de la investigación científica y rendir cuentas al estado y a la sociedad.