
Por: Dr. César Montaño Galarza,
Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar
Hablar de educación digital suele reducirse erróneamente a referencias sobre conectividad, dispositivos o plataformas virtuales. La pandemia dejó claro que la tecnología forma parte esencial de la educación y de la vida diaria, pero también evidenció que el país aún tiene enormes desafíos para construir una política digital educativa inclusiva. Sucedió en muchas provincias que mientras algunos estudiantes, niños y jóvenes, pudieron continuar sus clases desde casa con internet estable y varios dispositivos, muchos otros de zonas rurales o sectores populares dependieron de celulares compartidos, datos móviles limitados o, carecieron de conexión. También es verdad que no pocos docentes sostuvieron el sistema educativo con su dinero y esfuerzo.
Creo que el problema no es solo de acceso, y que la educación digital no consiste solo en repartir computadoras; también implica desarrollar capacidades para localizar información y noticias confiables, comprender el funcionamiento de las plataformas digitales y utilizar la tecnología de forma crítica y creativa. La educación digital es una deuda a pagar; debe ser una prioridad en una realidad inundada de redes sociales e inteligencia artificial, por lo que el Estado debe invertir más en formación docente sostenida en ese campo.
Ninguna plataforma educativa funciona si los maestros no cuentan con capacitación, tiempo y acompañamiento pedagógico; recordemos que la tecnología por sí sola no mejora el aprendizaje. Además, se debe discutir sobre soberanía digital, porque hoy gran parte de la infraestructura educativa depende de plataformas privadas de transnacionales tecnológicas que recopilan datos valiosos de los usuarios. El debate público debe enfocarse en temas como el control de esa información, protección de la privacidad, capacidad nacional para crear y desarrollar soluciones propias, entre otros.
Considero que se debe contar con una política estatal y con planes de largo aliento para ampliar la conectividad rural, fortalecer la educación e investigación, capacitar maestros, producir contenidos abiertos y garantizar que la tecnología y sus innumerables aplicaciones estén al servicio de la gente y no solo del mercado. La educación digital no debe entenderse como un lujo ni como una moda, toda vez que es una vía de democratización y una condición básica para reducir las desigualdades, ampliar oportunidades y formar ciudadanos críticos en un mundo intensamente digitalizado.