
Foto cortesía de Fundación Esquel
Por: Dr. Pedro Arturo Reino Garcés, Cronista Oficial de Ambato
Finalmente el Mariscal decidió casarse con Mariana Carcelén, después de pedir consejos a Bolívar, a quien escribe “Exijo a U.” que para darme su consejo, considere que lo va a hacer a un hijo suyo, pues creo tener derechos a su estimación para que me los dé como a tal”. Esto está en una carta remitida desde Chuquisaca un 12 de febrero de 1826. Nuestra incógnita va por los antecedentes de amoríos previos que lo queremos focalizar.
Se indica por parte del investigador Ángel Crisanti (El Gran Mariscal de Ayacucho y su esposa la Marquesa de Solanda, Caracas, Imprenta Nacional, 1955) que Sucre dejó su pasión por la guayaquileña Pepita Gaínza, sobrina de Rocafuerte, “por celos”. En fin de cuentas, ella se deposa con don Manuel Icasa y Silva el 15 de agosto de 1831. Y hablando desde la óptica de las fortunas, la Pepita estaba liada con las familias más ricas del Puerto de Guayaquil. ¿Los Libertadores prefirieron a condesas y marquesas?
Resulta que entre los Donjuanes de la Independencia, Sucre, al llegar a Guayaquil en 1821, de seguro rompió, entre otros corazones el de una tal Tomasa Bravo, proveniente de una familia “de relativa posición social”, pero “de fibra patriótica”. Esto se asegura por el hecho de haber aceptado que su hija nacida fuese bautizada como Simona, en honor al “abuelo Simón Bolívar”. En realidad Sucre se convierte en padre en Guayaquil, y se comenta que quería un varón para prolongar su estirpe. El Acta de nacimiento dice:
“En esta Iglesia Matriz de la ciudad de Guayaquil, en 20 días del mes de abril de 1822 años, de mi licencia y facultad el padre Fray Alipio Lara, bautizó, puso óleo y crisma a SIMONA, de 4 días de nacida, hija natural de don Antonio José Sucre y de Tomasa Bravo. Fue su padrino Juan Francisco Elizalde a quien advirtió su obligación y parentesco. Siendo testigos José Pacheco y Mateo Neira; y para que conste lo firmo. Dr. Pedro de Benavente” (Archivo de la Catedral de Guayaquil libro # 17, folio 7 vuelto).
Sucre continúa su vida en las revueltas, entre las que se le vienen están las batallas en Pichincha y en el Perú. Luego tendrá que ir a Bolivia. Cuando Simona tiene 4 añitos, muere su madre Tomasa Bravo. Sucre recibe tal noticia en Bolivia y dice no estar seguro de su paternidad, y en una carta dirigida a un Coronel Aguirre escribe: “… sea o no mía, su madre lo decía así, he llegado a creerlo… y es mi deber y mi deseo recogerla.” Esto viene en la carta remitida a Aguirre, donde pide que una hermana del padrino de la niña, el general Elizalde (sobrino del general José de Lamar), “que me haga llevar a la niñita a Quito y la ponga en una casa en que la críen y la eduquen con mucha delicadeza y decencia, la enseñen cuanto se puede a una niña, en fin me la haga tratar tan bien como espero de Ud. Todo gasto le pagaré a Ud de mi cuenta”. ¿Quién ha seguido estos rastros? ¿Qué familia era la de su madre para que Sucre haya decidido mandarla a Quito donde la criaran “con delicadeza y decencia”?
Sucre decide casarse en 1826, pero el matrimonio se realiza por poder remitido por Sucre desde la ciudad de La Paz de Ayacucho el 25 de enero de 1828. La comunicación llega a Quito un 13 de abril de dicho año. La boda simbólica (digamos ahora: virtual) se realizó un 20 de abril. Era padre soltero. ¿Sabría su futura esposa que podría ser madrastra? Nadie ha dicho nada. ¿Qué habría dicho la familia de los marqueses de Solanda y de Villarrocha?
Sin embargo quedan preguntas con bastante lógica: ¿Por qué habría pedido Sucre a la hermana de su padrino (de la niña) que llevaran a la hija a Quito, siendo que todos ellos y los vínculos de su madre estaban en Guayaquil? ¿Por qué la quiso desarticular de su entorno? ¿La querría tener cercana a su nuevo hogar? ¿Quería estar lejos de la Pepita Gaínza que tendría expectativa con el Mariscal? ¿Por qué en lo sucesivo nadie dice nada entre los contrayentes quiteños, al respecto? En mi opinión, los Elizalde y los La Mar no le habrían dado oídos a los requerimientos de Sucre. Además, no iban a perder “los compromisos” con que Sucre quería asumir por su hija. Esta historia ha quedado trunca en espera de la investigación y la leyenda.