La Victoria Aliada en la Segunda Guerra Mundial (III)

Entrevista a Rodolfo Bueno Ortiz Asociación AMARUN

 Por: Rodolfo Bueno 

El 6 de junio de 1944, el día D, se inició en la playa francesa de Normandía la tan dilatada apertura del Segundo Frente, que en algo alivió la presión que las tropas alemanas habían ejercido durante los últimos tres años en el frente soviético-alemán. En la guerra contra la URSS, Alemania perdió diez millones de soldados, las tres cuartas partes del total de sus bajas en esta guerra.

El desembarco en Normadía demostró la firmeza de los aliados para combatir hasta su total derrota al nazi-fascismo e eliminó las esperanzas de Hitler de que la alianza en su contra se rompiera. También, al ser expulsada Alemania de los países que ocupaba en Europa Occidental, empeoró la situación del III Reich, que perdía así sus bases de operaciones aéreas y navales, además del posible empleo de recursos naturales y humanos que extraía de esos países, lo que presagiaba su próximo desmoronamiento.
La apertura del Segundo Frente en el noroccidente de Francia estuvo al mando del General Dwight David Eisenhower, quien comandó una fuerza expedicionaria procedente de las islas británicas, compuesta por 1.213 barcos de guerra y 4.126 de transporte. Durante los dos primeros días desembarcaron 107 mil hombres, 14.000 vehículos y 14.000 toneladas de diferente material de guerra. La operación se llamó Overlord y su parte acuática, Neptuno. La fuerza expedicionaria se componía en su totalidad de 2’876.436 hombres, de los cuales 1’533.000 eran norteamericanos.
La parte alemana tenía agotada casi todas sus reservas y no podía tomar en consideración un posible incremento posterior. La mayor partes de sus fuerzas estaban comprometidas en el frente oriental, donde combatían el 70% de la Wehrmacht. Por otra parte, el Ejército Alemán ya no era el de los años anteriores, sus mejores hombres habían caído muertos o habían sido hechos prisioneros en las batallas de Moscú, Leningrado, Stalingrado, Kursk, Kiev, etc. Según Louis Snyder, historiador norteamericano del City College de New York: “La gran Wehrmacht ya no era la soberbia máquina de guerra sino unas huestes heterogéneas formada por húngaros, polacos, rusos, franceses y hasta negros e indios. Las divisiones que defendían la ‘Muralla del Atlántico’ estaban compuestas en gran parte de hombres muy mayores, de soldados muy jóvenes y de extranjeros obligados a combatir por el Reich”. 
Según Gerd Von Rudshtedt, Comandante General de las fuerzas alemanas en Occidente: “La muralla del Atlántico era una ilusión, inventada para confundir tanto al pueblo alemán como al enemigo. A mí siempre me molestó cuando leía leyendas sobre la inquebrantable defensa. Era ridículo llamar a esto barrera. Hitler nunca la visitó y no vio qué es lo que representaba en la realidad”. Además, hubo grandes discrepancias entre los jefes de la defensa alemana respecto a la organización del rechazo a una operación de desembarco, que imposibilitaron una acción más efectiva de los escasos medios con que contaban.

El General Eisenhower empleó brillantemente todos los factores a su favor y no dejó ningún detalle al azar. Desembarcó en Normandía, el lugar que menos esperaban los alemanes. Lo lógico hubiera sido que, tal como esperaba el enemigo, lo hiciera por el Paso de Calais, que es la distancia más corta entre Inglaterra y Europa continental. Lo realizó en un día que no era bueno para efectuar desembarco alguno, por lo que una buena cantidad de generales alemanes, confiados en el mal tiempo, estuvieron ausentes; empleó en forma óptima la aviación, fuerza en la que su superioridad era indiscutible. Llegaban oleadas de mil aviones que bombardeaban las fortificaciones de la costa francesa, las redes ferroviarias y los depósitos de toda índole.
Desembarcaron luego 13.000 paracaidistas norteamericanos y 5.300 británicos, que se encargaron de aislar ciertas zonas estratégicas del resto de Francia.

Con los primeros rayos del sol matutino, seis acorazados comenzaron el bombardeo naval, el mayor entre agua y tierra que registra la historia. Luego los dragaminas limpiaron la costa de minas y los hombres ranas destruyeron los obstáculos marinos. También se logró aislar del resto del país una franja de la costa francesa. Luego una impresionante flota, compuesta por 5.339 barcos, copó las aguas del Canal de la Mancha en la zona de Normandía; se encontraba tan bien protegida que los submarinos alemanes sólo pudieron hundir un destroyer noruego.

De estos navíos partieron incontables lanchas de desembarco, que al abrir sus compuertas depositaron a miles y miles de aguerridos soldados, muchos de los cuales murieron como consecuencia de nutrido fuego de metralla que los esperaba, pero la mayor parte de ellos logró apoderarse de largos trozos de playa. La lucha adquirió un ritmo frenético, cercano al salvajismo. Después los soldados debieron vencer los enormes acantilados que separan la tierra firme de la playa, lo mismo las minas, las alambradas y los fortines enemigos. Los alemanes no se rendían sino que luchaban con mucha bravura. Los ingleses, como siempre, dieron muestras de excepcional valor y coraje.

Para la primera semana, las tropas aliadas se habían apoderado de 130 Km de costa, adentrado hasta 30 Km en tierra firme y desembarcado 16 divisiones. Todo esto se logró gracias a la perfecta coordinación que existió entre todas las ramas y comandos de los ejércitos aliados. Se trató de un éxito no sólo militar sino también político y de un verdadero golpe moral al ejército nazi.

A partir de la primera semana, toda la iniciativa en este frente quedó en manos de las fuerzas aliadas. Para la segunda semana habían desembarcado cerca de 600.000 hombres y 100.000 vehículos. Para el 26 de junio, este ejército tomó Cherburgo. El 7 de agosto, Alemania realizó un contraataque con la intención de arrojar a los aliados de nuevo al mar, pero en el transcurso de cinco días sólo lograron penetrar algunos kilómetros en las líneas aliadas; la operación terminó en un rotundo fracaso. El 17 de agosto, el general Patton tomó Rennes, capital de la Bretaña francesa, y se apoderó de Saint Malo, al sur de Normandía. Para el 21 de agosto había concluido la batalla. Los aliados, luego de un aplastante triunfo, hicieron 50.000 prisioneros. Los alemanes se retiraron en desorden en dirección a París.

El segundo desembarco aliado en el Mediterráneo francés el 15 de agosto de 1944, liderado por el General Jean de Lattre de Tassigny, permitió la liberación de ciudades como Tolón, Niza y Marsella, avanzando hacia Lyon y Dijon.

El 19 de agosto se produjo el levantamiento de París. Las tropas aliadas se dirigieron rápidamente hacía la capital francesa, a la que entraron cuando las fuerzas de la resistencia francesa la habían liberado. El General Leclerc comandó las tropas francesas que primero entraron a París y el 20 de agosto, desde Montparnasse, anunció la rendición de 10.000 alemanes a cargo de la guarnición de París. Al día siguiente, el General De Gaulle desfiló a píe por los bulevares de la Ciudad Luz. La batalla por Francia le costó a la Wehrmacht 500.000 bajas. Los alemanes se dirigieron maltrechos a resguardarse tras la línea Sigfrido.

Así terminó esta importante, desde todo punto de vista, etapa de la guerra. Importante ¡Sí!, pero de ninguna manera definitiva ni determinante como afirman los modernos falsificadores de la Historia de la Segunda Guerra Mundial, que pretenden transformar el desembarco en Normandía en la toma de Berlín y el 6 de junio de 1944 en el 9 de mayo de 1945.

No se trata de restar méritos a esta operación, pero cada cosa debe tener su puesto correspondiente en la historia. Se debe recalcar que si el desembarco se hubiera realizado anteriormente, la guerra hubiera terminado antes. Henry L. Stimson, entonces Ministro de Guerra de los Estados Unidos, escribe en sus memorias, de 1948: “No abrir a tiempo el frente occidental en Francia significaba trasladar todo el peso de la guerra a Rusia”.

La lucha, aunque dura, fue menos dura que en el frente oriental, donde, además de tener tropas más selectas y numerosas, los alemanes peleaban con mayor decisión y coraje. Ahora se pretende olvidar el enorme sacrificio del heroico pueblo soviético en la lucha por liberar al mundo del peligro fascista. Pero la verdad es inobjetable. La Enciclopedia Académica Norteamericana escribe lo siguiente sobre la batalla de Normandía: “Los alemanes resistieron más de un mes, mientras las fuerzas aliadas se fortificaban en las repletas costas. Los defensores, sin embargo, se encontraban en una situación no muy equilibrada, puesto que Hitler se vio obligado a enviar a gran parte de sus fuerzas desde Francia al frente oriental donde atacaban los soviéticos”. Se refiere a que la URSS cumplió la promesa hecha a los aliados en Teherán, de que después del desembarco en Normandía, la URSS comenzaría una ofensiva general en el frente soviético-alemán, con el fin de disminuir la presión que sobre los aliados se produciría en Francia. Esta ofensiva, denominada Operación Bagratión, produjo tales derrotas a la Wehrmacht que el alto mando alemán las calificó de “Peor que Stalingrado”.

A fines de la conferencia de Teherán, luego de que Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt le comunican a Stalin que en agosto del año siguiente, tropas anglo sajonas desembarcarán en la costa francesa, lo que abriría el frente occidental que la Unión Soviética venía reclamando desde tres años atrás. Stalin sostuvo entonces que la URSS debía simultáneamente con el desembarco aliado realizar una ofensiva que diera un golpe devastador a la Wehrmacht, e impedir así el traslado de fuerzas alemanas al frente Occidental. Stalin eligió el nombre de la operación: «Bagratión», en honor al comandante Piotr Bagratión, patriota que obtuvo su merecida fama en la batalla de Borodinó, en la que murió luchando contra el Ejército napoleónico. La ofensiva debía comenzar en el tercer aniversario de la invasión alemana a la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941. La finalidad era destruir el Grupo Alemán de Ejércitos Centro, que se encontraban prácticamente intactos.

La Operación Bagratión es el triunfo del concepto de engaño militar, es el triunfo de la más completa desinformación del adversario, gracias a la total coordinación de todos los movimientos en el frente y el tráfico de señales, para desorientar al enemigo del real objetivo de la ofensiva. El alto mando soviético logró impedir que los alemanes supieran cuál sería el lugar donde se daría la ofensiva del Ejército Rojo, táctica que llamaron maskirovka, o sea camuflaje o enmascaramiento.

Las opciones del Ejército Rojo eran: Un ataque desde el norte de Ucrania contra Rumanía, para cruzar los Cárpatos; un ataque desde el norte de Ucrania contra el sur de Polonia hasta alcanzar el valle del Vístula y seguir hacia el mar Báltico; un ataque desde el norte de Bielorrusia hacia la costa del Báltico. Todas estas alternativas eran conocidas por los alemanes y fueron rechazadas por los soviéticos el temor de encontrar una fuerte resistencia alemana.

Finalmente, los soviéticos resolvieron avanzar por el centro de Bielorrusia para tomar por sorpresa a la Wehrmacht, pues se consideraba que los pantanos de la cuenca del río Prípiat eran un obstáculo natural casi imposible de franquear. La dificultad cruzar este accidente geográfico daba tranquilidad al Grupo de Ejércitos Centro de la Wehrmacht, que no esperaba una ofensiva soviética por esa zona, por lo que el Ejército Rojo decidió que el ataque principal se lanzaría al norte de los pantanos del Prípiat, para destruir la mayor cantidad posible de tropas alemanas y, al mismo tiempo, cerrar a los alemanes la ruta de escape hacia el norte.

La maskirovka para la operación Bagratión supuso el despliegue aparente de seis ejércitos acorazados en Ucrania, dejados en forma visible para el reconocimiento aéreo de la Luftwaffe, lo que provocó un despliegue defensivo alemán destinado a contrarrestar un supuesto ataque contra el Grupo de Ejércitos Sur desde el norte de Ucrania en dirección al Báltico. El tráfico de vehículos soviéticos fue reducido en la zona central de Bielorrusia e intensificado en el sector noroccidental de Ucrania, para que así el alto mando alemán no sospechara de que el verdadero golpe contra el Grupo de Ejércitos Centro lo asestaría el Ejército Rojo precisamente en Bielorrusia. Los numerosos convoyes soviéticos que aparecían en la zona ucraniana de Leópolis y Przemyśl marchaban vacíos, engañando a los alemanes y sus reconocimientos aéreos. El movimiento de tropas soviéticas de reserva se realizó también en medio del mayor secreto, transmitiendo solo órdenes verbales, exigiendo que los estados mayores de cada Ejército soviético nunca emitieran órdenes escritas, lo que evitaba el uso de radios o aparatos de telecomunicación. De igual manera las tropas eran transportadas solo de noche y sin encender las luces de los camiones; con el fin de evitar accidentes, se ordenó para que los camiones marcharan a una misma velocidad de convoy.

De igual modo se dispuso que el despliegue de fuerzas del Ejército Rojo en las posiciones del frente se ejecutase solo cuando todas las divisiones de un ejército hubieran llegado al punto de reunión, se prohibió que divisiones aisladas marchasen al frente. Inclusive se ordenó que, en caso de divisar un posible avión de reconocimiento alemán, las fuerzas soviéticas de tierra se dispersaran y fingieran la construcción de caminos o aeródromos.

La operación Bagratión, en combinación con la Ofensiva Leópolis-Sandomir lanzada pocas semanas después en Ucrania, permitió a la Unión Soviética recuperar casi todo el territorio que tenía antes de la invasión alemana de 1941, penetrar en territorio del Reich alemán por Prusia Oriental y alcanzar las afueras de Varsovia luego de ocupar la región al este del río Vístula, la porción de Polonia ocupada por Alemania después de la invasión alemana al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Rodolfo Bueno

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