Lectura para el Parlamento Andino

Por: Dr. Pedro Reino Garcés
Historiador y Cronista Oficial de Ambato

Sobre símbolos emblemas y lenguas

“Art. 2.- La bandera, el escudo y el himno nacional, establecidos por la ley, son los símbolos de la patria. El castellano es el idioma oficial del Ecuador; el castellano, el kichwa y el shuar son idiomas oficiales de relación intercultural. Los demás idiomas ancestrales son de uso oficial para los pueblos indígenas en las zonas donde habitan y en los términos que fija la ley. El Estado respetará y estimulará su conservación y uso.”

Considero un acierto decir que tenemos símbolos de la Patria, que equivale a decir símbolos del Estado-nación. El problema es cuando se dice ‘símbolos nacionales’, porque está dicho que no hemos aclarado lo suficiente sobre la problemática de las nacionalidades. Si esta línea de base no está resuelta, ¿qué pasan a ser los llamados símbolos nacionales?

Los “símbolos oficiales” de las naciones-estados tienen dos caminos para considerarse como prototipos de los nacionalismos políticos. Tienen un significado fuera de las fronteras, ante gente de otros Estados; y uno diferente para las nacionalidades al interno de las repúblicas. Son una especie de trajes de procedencia, o etiquetas ante entidades políticas que buscan marcas legalizadas. Frente a los nacionalismos estatales al interno y por razones étnicas, en el caso ecuatoriano, los nacionalismos culturales han exhibido banderas como la wipala del Tahuantinsuyo para identificarse con tonos étnicos frente a la cultura dominante y oficialista dentro del propio Estado ecuatoriano.

También se han dado caso en manifestaciones públicas netamente de reivindicación popular, cuando ha salido el campesinado a protestar en las calles de los centros urbanos provinciales, no es que lo hagan con banderas de sus parroquias o de identidades que se manejan oficialmente al interior de sus provincias. Lo hacen izando en palos que sirven de astas, sus ponchos y chalinas, sus pañolones y bufandas. Esto quiere decir que en el fondo hay una simbología extraviada que reniega de lo que les ha impuesto el Estado opresor y la Educación formal a partir de la escolaridad.

Sin más comentario, esto debe mirarse como consecuencia de la diversidad étnico-cultural que proviene de una heredad histórica que quedó atrapada en la territorialidad con que se estructuró la República, luego de las fragmentaciones que resultaron como consecuencia política de los asuntos bélicos pos independentistas. Las etnoculturas fragmentadas en territorialidades diversas que hasta soportan rivalidades chauvinistas. Ejemplifiquemos: si se observa desde afuera al grupo étnico de los indígenas llamados “pilahuines”, no hay distinción frente a sus vecinos llamados “chibuleos”, pero como pasaron a formar parte de parroquias civiles diferentes, han generado un separatismo fóbico y dicen ser tan diferentes unos de otros, como si en el espejo se reflejara el tigre en lugar del gato que corresponde a la realidad. En los planos internacionales, el Ecuador “soporta” identidades mal divididas, puesto que tiene pastusos ecuatorianos, frente a pastusos colombianos; o shuaras amazónicos ecuatorianizados, frente a los mismos shuaras peruanizados con cédula de identidades políticas, a pesar del manejo de la misma lengua vernácula a los dos lados de la frontera. Todo esto no es sino el reflejo de una lucha y una decisión que es consecuencia de ambiciones de poder y economía negociadas por la diplomacia y avalizada por garantes del negocio de las guerras. Fente al marco de nuestra Constitución y de nuestra realidad como país fragmentado en identidades, es que debemos enfrentar los estudios de los procesos de integración. ¿Será factible semejante cometido?

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