Por: José L. Pantoja
Hace poco miré un documental sobre George L. Mallory, un inglés de quien se cree fue la primera persona en llegar a la cima del Everest. Luego de la primera guerra mundial los países considerados potencias trataban de demostrar su poder de diferentes formas. Los ingleses encontraron en el Everest la oportunidad de ser los primeros en llegar a la cima más alta del mundo. Se hicieron tres expediciones pero nunca se ha confirmado si los excursionistas llegaron a la cima porque murieron en la última expedición. Sin embargo, los intentos por conquistar el Everest hicieron famoso a Malloy, el líder del grupo. Alguna vez le preguntaron: “¿Por qué quiere llegar a la cima más alta del mundo?”. Él respondió: “¡Porque está ahí!”.
Curiosamente, hace unos días alguien me preguntó: “¿Por qué estudiar un doctorado?”. Y se me ocurrió responder de la misma forma que Malloy, así que dije: “¡Porque las oportunidades están ahí!”.
Nací y viví parte de mi niñez en una parroquia rural de la provincia de Imbabura. Mis abuelos llegaron a ese lugar hace muchos años y formaron sus familias ahí. Tengo muchos tíos y primos, algo común en lugares donde no existe un control de la natalidad. Mis padres apenas terminaron la primaria ya que en ese tiempo era la única educación a la que se tenía acceso en ese lugar. Quizá si no hubiéramos salido de ahí, mis dos hermanos menores y yo hubiéramos seguido el mismo camino. En la parroquia la vida era más o menos simple pues íbamos a la primaria en la mañana y ayudábamos a nuestros padres en sus actividades durante las tardes.
Sin embargo, cuando cursaba el quinto año de primaria sucedió algo que cambiaría nuestras vidas. Los profesores de la primaria les preguntaron a nuestros padres: “¿Qué piensan hacer con sus hijos?”. Mis padres respondieron: “Pues que terminen la escuela, después que nos ayuden a trabajar, y cuando sean más grandes les daremos un pedacito de terreno para que hagan su casa y se independicen”. Los profesores les dijeron: “No hagan eso, sus hijos merecen un mejor futuro, sáquenlos de aquí y denles la oportunidad de ser algo más”. Sin duda, los profesores vieron potencial en nosotros. Al año siguiente mis padres vendieron lo poco que tenían y como muchos campesinos lo hacen, salimos a la ciudad, a Ibarra. El cambio fue complicado para todos, pero sobre todo para mis padres. Ellos dejaron lo que tenían para adentrarse en un mundo desconocido. Vivir en la ciudad es muy diferente a vivir en el campo, más aún cuando no se tiene la preparación académica ni los recursos para prosperar. Es una de las razones por las que admiro a mis padres y les estaré siempre agradecidos. Vivir en la ciudad generó muchos retos para nosotros como estudiantes, el ritmo y nivel de estudios era muy diferente a lo que estábamos acostumbrados en el campo. Y para mis padres, su desconocimiento les generó varias situaciones donde la economía nos pasó factura.
Al poco tiempo de llegar a Ibarra alguien me dijo: “José Luis, allá en el campo eras un buen estudiante, pero aquí en la ciudad es diferente, aquí los niños son muy inteligentes. Por eso, si no tienes buenas calificaciones y no eres un buen estudiante aquí, no te sientas mal”. Yo tenía solamente 11 años, así que no entendía (o no quería entender) lo que me decían, pero luego le pregunté a mi padre: “¿Por qué me dijeron eso?”. El respondió: “No hagas caso cuando traten de desanimarte, siempre habrá personas que lo harán. Nosotros creemos en Uds. y por eso estamos aquí”.
Mis hermanos y yo terminamos la primaria con buenos resultados. Nuestros padres tenían razón. ¡Si podíamos! Pero nuestros retos apenas empezaban ahí. Yo quería estudiar en el que quizá era el mejor colegio de Ibarra en ese entonces, pero resultaba caro para la economía de mis padres. De hecho, una persona me dijo: “No vayas a ese colegio, es muy caro, mejor busca un colegio público, la educación no es tan mala ahí”. Ya había aprendido a no escuchar cuando alguien trataba de desmotivarme, así que opté por otra alternativa. Teniendo 12 años de edad fui a hablar con el rector del colegio y le dije: “Yo quiero estudiar aquí y mis padres no pueden pagar la matrícula, pero he sido un buen estudiante y quisiera que me den una beca”. El rector me miró con cierta incredulidad y luego con una sonrisa preguntó: “Si te damos la beca, ¿Qué ofreces a cambio?”. Creo que mi rostro brilló en ese instante porque su pregunta me indicaba que había la posibilidad de que me dieran la beca y respondí: “Lo que Ud. me diga que haga, yo ayudaré en todo lo que pueda hacer aquí en el colegio”. Al ver mi determinación el rector dijo: “Está bien, necesitaremos tu ayuda aquí, así que los fines de semana también vendrás al colegio”. Desde entonces iba al colegio los sábados y/o domingos, siempre había algo que hacer, por ejemplo: pintar paredes, limpiar las aulas, arreglar el jardín, e incluso ayudar en unas clases de catecismo para niños de primaria. Mi hermano menor siguió el mismo camino un año después. Estudiar en el colegio me dejó dos lecciones: 1) si quieres algo debes buscarlo tú mismo, y 2) debes estar dispuesto a pagar el precio.
Mientras cursaba el tercer año del colegio pasó otra situación que también marcaría mi vida. La economía golpeaba fuerte en casa y mi padre, con algo de tristeza reflejada en su rostro, me dijo: “Hijo, estudia para que no te pase lo que me pasa a mí”. En ese entonces mi hermano menor empezó a trabajar en el mercado de la ciudad cargando quintales de papas luego de asistir al colegio, yo seguí su ejemplo. Esa fue una fuente de ingreso para cubrir algunos de nuestros gastos y ayudar en casa. Recuerdo que alguien me vio una vez en el mercado y me dijo: “José Luis, ¿no sientes vergüenza?, eres todo un estudiante de un buen colegio y estás aquí todo sucio trabajando en el mercado como que no tuvieras nada”. Preferí no responder a esta persona, pero en la noche le conté a mi padre lo que me habían dicho y él dijo: “Hijo, esta es la universidad de la vida. Ahora estas aprendiendo realmente lo que cuesta ganar algo de dinero. Tu sigue trabajando, pues no le estás haciendo daño a nadie al hacerlo”.
Mantenía un buen récord académico en el colegio y cuando estaba próximo a graduarme supe que habían becas para estudiar fuera del país, en el Zamorano, una universidad con enfoque en agronomía, en Honduras. Un profesor del colegio me preguntó dónde iba a estudiar al terminar el colegio y le comenté que quería estudiar fuera del país. Ante esto, el profesor dijo: “José Luis, conozco la situación de tus padres, no creo que esa sea una buena idea. Las universidades de Ecuador no son tan malas, deberías considerar quedarte aquí”. Otra persona fue incluso más lejos al decirme: “Eres un tonto, tus padres no pueden pagar ni tu matricula del colegio, mucho menos te van a pagar estudios en el extranjero”. Yo estaba determinado en conseguir una beca para estudiar fuera del país, así que esas opiniones no cambiaron mis ambiciones. Me preparé lo mejor posible para rendir el examen de admisión y apliqué a la beca. Mientras todo esto sucedía, y en caso de que la beca no se diera, inicié mis estudios en la Universidad Central. Pasaron unos meses desde que envié mi aplicación y en enero del 2002 recibí la respuesta. Había obtenido una beca para estudiar fuera del Ecuador. En mi familia ir a la universidad era un privilegio de pocos. Conseguir una beca para salir a prepararme fuera del país fue casi un milagro para nosotros.
Cuando estudiaba en la universidad también trabajaba en mi tiempo libre y mantenía un buen récord académico. Mis padres hicieron un excelente trabajo enseñándome a aprovechar las oportunidades que se presentaban y sobre todo, a buscar con entusiasmo y entereza los objetivos que me proponía alcanzar. Curiosamente, hubo alguien que dijo: “No creo que puedas graduarte como el mejor de tu promoción porque hay otros estudiantes muy buenos”. Tampoco respondí a esos comentarios, pero viéndolo bien, siento que palabras de esta índole me motivaban aún más a continuar superándome. En el 2005 me gradué con honores y eso me abrió la posibilidad de venir a EE.UU. a realizar un par de pasantías. Al estar aquí descubrí las facilidades que existen para obtener becas y decidí sacarle ventaja a esas oportunidades para estudiar la maestría y el doctorado. Siempre han aparecido personas que mencionan un: “No puedes”. Los hechos muestran lo contrario. Como mi persona hay miles de ecuatorianos que han salido del país a especializarse, y lo han hecho porque han aprovechado las circunstancias, se trata de personas dispuestas a triunfar, y sobre todo, ¡Porque las oportunidades están ahí!
Mientras avanzaba con mis estudios volteaba la mirada al pasado y recordaba todas las ocasiones que alguien dijo: “No puedes”. Muchas de esas personas quizá piensan que conseguir una beca para estudiar fuera del país es algo muy difícil. ¡Están equivocados! Siento que en parte esa mentalidad negativa es la que ha frenado nuestro progreso. Estudiar con becas y hacerlo fuera del país es algo relativamente fácil si nos proponemos conseguirlo. No digo que las becas sean regaladas, pues no es así. Siempre hay competencia, más aún cuando la globalización nos empuja a competir con gente de todo el mundo. Cuando piensas que eres el mejor en algo, aparece alguien de cualquier rincón con mejores capacidades que tú, así de simple es la realidad. Lo único que puedes hacer ante eso es continuar preparándote para seguir mejorando. Tampoco me gusta utilizar la palabra sacrificio cuando hablo de estudiar fuera del país, pues sacrificarse es hacer algo en contra de nuestra voluntad. Aquellos que han salido a estudiar fuera de Ecuador me darán la razón cuando digo que estudiar y prepararse profesionalmente requiere de mucho esfuerzo y dedicación, pero no sacrificio. Y en este proceso se disfruta mucho el vivir en diferentes ambientes universitarios, viajar, y desde luego conocer a diferentes profesionales.
Ahora bien, en mi opinión, lo difícil es tratar de salir adelante sin tener las herramientas para hacerlo, especialmente cuando se forma una familia sin tener los medios para sacarla adelante. Muchos de mis familiares, amigos, colegas, o simplemente conocidos tuvieron que enfrentarse a la realidad de ser padres a temprana edad y en la mayoría de los casos tuvieron que abandonar sus estudios para asumir esa responsabilidad. ¡Eso sí es difícil! Por ello quiero pensar que con estas palabras podré motivar a nuestros estudiantes y profesionales jóvenes a perseguir sus sueños y no apresurarse en otras cosas. También quiero invitar a todos aquellos que tienen la oportunidad de estudiar a que aprovechen el momento, el tiempo no da tregua. Las decisiones que tomamos pueden ser determinantes para el resto de nuestras vidas. Debemos aprender a tomar decisiones de forma acertada. Tampoco culpemos a los demás de la mala suerte o de nuestra situación delicada. No debemos criticar a otra(s) persona(s) por no darnos lo que pedimos. Además, siempre aparecerán personas que, quizá sin darse cuenta, nos darán un consejo poco apropiado o nos dirán que no podemos. No hagamos caso ante los comentarios negativos, asumamos nuestras decisiones con madurez, y enfrentemos los retos con actitud ganadora. Quiero también, a través de estas palabras, incentivar a los profesores a convertirse en mentores de nuestros estudiantes, pues los profesores están llamados a despertar el interés por superarse en los jóvenes.
Hace tiempo alguien me preguntaba: “José Luis, ¿Cuál es la clave para ser exitoso?”. Yo no creo que exista una clave específica, pero sí creo que existen elementos (decisiones) que ayudan a alcanzar el éxito. Considero que los siguientes elementos son muy importantes en ese proceso.
Tener una actitud positiva. Para sacarle el máximo provecho a cada día, busca el lado bueno a toda situación. Una actitud victoriosa es el primer paso hacia el éxito.
Rodearse de personas que nos impulsen a mejorar. Una característica de los ganadores es que saben elegir sus amistades y sus mentores. Ellos buscan personas que los ayuden a triunfar, no amistades solo para la diversión y la farra. Por eso, mantén la distancia con respecto a personas conformistas o que frenen tus aspiraciones.
Hacer un cronograma de vida y establecer metas y prioridades a corto y mediano plazo. Establece límites de tiempo en tus metas más preciadas, define los caminos para alcanzarlas, y no dejes las cosas para último momento.
Practicar deporte, leer libros, o tener un pasatiempo. Trata de equilibrar el uso de tu tiempo, relájate y mantén una vida saludable. Estudiar es una actividad enriquecedora, pero tu mente y tu cuerpo necesitan nutrirse de otras cosas.
Dedica tiempo a los demás. Si das preferencia a las personas en lugar de las cosas materiales, la vida te premiará con lo mejor.
Hace un par de días hablaba con una amiga sobre este tema y ella me contaba lo siguiente: “Soy la única de mi promoción de la primaria que fue a la universidad, y de mi promoción del colegio, solo cuatro terminamos la universidad”. Ella continuaba su relato diciendo: “Yo no creo que la causa para que mis colegas no fueran a la universidad fuera la pobreza o la desigualdad social. Yo creo que la diferencia estuvo en que algunos miramos hacia arriba y otros, en cambio, quisieron vivir en una línea horizontal. La mayoría se sintió conforme viviendo de la misma forma que lo hicieron sus padres (sin perseguir metas altas) y cometiendo los mismos errores”. Las palabras de mi amiga me ayudaron a darle título a este artículo.
Actualmente estoy planificando regresar a Ecuador. No porque no me guste vivir en los EE.UU. o porque me hayan tratado mal aquí. Todo lo contrario. Estoy muy agradecido con este país por todas las oportunidades que me sigue brindando y por la calidez de su gente. Pero quiero regresar a Ecuador, al igual que otros ecuatorianos, a generar un cambio positivo, a incentivar a los estudiantes y profesionales jóvenes a perseguir sus sueños, a fomentar iniciativas que nos impulsen hacia adelante. En líneas generales, la transformación de Ecuador nos está guiando hacia un mejor futuro. Pero para que esos cambios perduren a largo plazo necesitamos afirmar bien las bases de nuestro desarrollo y para eso necesitamos de gente seria y comprometida con el proceso. Yo quiero ser parte de ese cambio.
Pero saben, han vuelto a aparecer personas que dicen: “Mejor no vengas a Ecuador, aquí estamos cada día peor, te vas a desilusionar si vienes. Quédate allá y disfruta de las oportunidades que tengas”. ¿Qué creen que haré ante esas palabras?
Un fuerte abrazo.
El Dr. Pantoja ha tenido una destacada carrera en agronomía con enfoque en fertilidad y manejo de suelos. Inició sus estudios en la Universidad Central del Ecuador en el 2001, pero al poco tiempo de iniciar su carrera recibió una beca para estudiar en la Escuela Agrícola Panamericana – Zamorano, Honduras, C.A. En esa universidad se graduó como Ing. Agrónomo en el 2005, siendo reconocido como el mejor egresado de su promoción. Previo a su graduación realizó una pasantía en la Universidad de Florida, lugar en el que conoció sobre las oportunidades para estudiar un posgrado en EE.UU. En el 2006 e inicios del 2007 trabajó en Zamorano, primero como asistente del laboratorio de suelos, y después como instructor de estudiantes en la unidad de servicios agrícolas. En el 2007 hizo otra pasantía en la Universidad de Arkansas, en la cual también realizó sus estudios de Maestría y se graduó en el 2009. Posteriormente, realizó sus estudios doctorales en la Universidad Estatal de Iowa y se graduó en Mayo del 2013. Además de sus proyectos de investigación el Dr. Pantoja ha sido asistente de cátedra y actualmente trabaja como Post-doc en esa Universidad. A lo largo de su carrera el Dr. Pantoja ha obtenido múltiples reconocimientos por su desempeño académico y por los trabajos de investigación que ha realizado.