
Exvicerrector del Instituto de Altos Estudios Nacionales -IAEN-
¿Secreto a voces o resignación de las autoridades para mejorar la educación? En su gran mayoría, los estudiantes de colegio no comprenden lo que leen, es decir, son analfabetos funcionales; la matemática parecería ser la bestia negra y las ciencias un episodio ingrato en la vida escolar. La radiografía no puede ser más pesimista. Dos palabras para el diagnóstico: terapia intensiva. ¿Qué plan tienen las autoridades para dedicarse a lo importante? Resulta, entonces, que en Ecuador no solo tenemos desnutrición crónica infantil, sino que además decenas de miles de niños y niñas, y jóvenes son incapaces de enfrentarse al mundo, a ese ogro demandante por un paupérrimo desempeño.
¿Este problema es coyuntural o recorre nuestra realidad por decenas de años? La respuesta es contundente: el problema estructural, sin embargo, la actualidad dice que ocho de cada 10 estudiantes muestran deficiencias en una de las tres dimensiones: lengua, matemática o ciencias. De dónde salen estos resultados: del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2025 en conexión con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Esta situación se ha exacerbado desde la pandemia, porque hay un deterioro sistemático, agresivo y acelerado de las malas condiciones, sin perder de vista la reflexión acerca del modelo educativo, los métodos de educación, los resultados de aprendizaje, las competencias que se esperan desarrollar, la formación y actualización de los docentes, y sobre todo la inexistencia de una política de Estado que coloque a la educación en el principal motor de desarrollo.