Los desafíos de la educación superior

El Art. 351 de la Constitución vigente expresa que «El sistema de educa­ción superior se regirá por los principios de autonomía responsable, cogobierno, igualdad de oportunidades, calidad, pertinencia, integralidad, de autodeterminación para la producción del pensamiento y conocimiento, en el marco del dialogo de saberes, pensamiento universal y producción científica tecnológica global». A estos principios es necesario añadir otros igualmente importantes como la formación científica, técnica y humana, la legalidad y la planificación, evaluación y acreditación.

Si queremos corregir las intole­rables injusticias sociales que se dan en el país, necesitamos construir nuevos paradigmas para nuevas realidades y un nuevo contrato social basado en la solidaridad, la reciprocidad, la participación y el trabajo comunitario, y es allí donde debemos ubicar el papel trascendental que le toca cumplir a la educación superior.

El mundo actual gira en torno de las nuevas tecnologías de carácter flexible. Asistimos a una nueva civilización sustentada en el poder de la informa­ción y la comunicación que marca nuevas formas de aprehensión de la realidad y nuevos estilos de aprendizaje. En la educación, la microelectrónica y la informática constituyen el principal medio alimentador de información en las más diversas esferas del conocimiento y de la práctica profesional, generando redes sistémicas del saber de carácter inter, trans y multidisciplinario, lo cual conlleva cambios en las teorías del aprendizaje, en los modelos pedagógicos y en las practicas curriculares.

En medio de estos adelantos tecnológicos, la educación superior debe retomar su papel trascendental de constituirse en una clara conciencia crítica de la época, conformando una comunidad de profesores, estudiantes, empleados y trabajadores con pensamiento crítico construido en el debate teórico permanente y en la práctica de su vinculación con la sociedad. La Universidad debe hacer realidad la definición de Jaspers de ser el lugar donde la sociedad permite el florecimiento de la más clara conciencia de la época, organizándose, como propone Habermas, como una auténtica comunidad crítica de estudiantes y profesores.

«(… ) La universidad debe constituirse en una institución forjadora de ciudadanos conscientes y responsables, de profesionales, investigadores y técnicos formados interdisciplinariamente, dotados de una cultura humanística y científica, capaces de seguirse formando por sí mismos, de adaptar sus conocimientos a las transformaciones y de localizar la información pertinente, evaluarla críticamente, juzgar y tomar decisiones. (… ) En fin, una universidad donde la innovación, la imaginación y la creatividad tengan su morada natural, y la barca del sueño que en el espacio boga encuentre en ella un lugar seguro donde atracar.»

La educación superior en la actualidad debe definir un modelo de educación que, según el criterio de Francisco Varela, supere la rigidez tradicional del modelo cartesiano expresado en la tríada: burócrata-experto-planificador, que se fundamenta en la jerarquización, la disciplina y la predictibilidad; pero, a su vez, también debe trascender el modelo de la hiper-flexibilidad y su tríada: mercenario-especialista en Know how-nómada electrónico, con niveles de poder heterogéneos, dominio de las nuevas tecnologías y una visión de que cualquier cosa es posible.

El nuevo modelo de educación debe crear, según Varela, un nuevo actor social ….»Que no es ninguno de los anteriores, queremos caracterizarlo con una nueva tríada: emprendedor-democrático-solidario. Este personaje, creador de futuro, lo designaremos con el nombre de agente transformador que está en contacto con una sensibilidad histórica de los espacios sociales y sus prácticas, que es de donde surge la identidad de las personas y las cosas. El agente transformador sabe que en el mundo de la hora presente siem­pre hay flujo y movimiento y que es posible aprovechar ese flujo para desplazar poderes y proponer productos, servicios y ofertas nuevas. No le preocupa no saber (lo cual paralizaría, por ejemplo, al burócrata y al experto). El agente transformador se conduce con prudencia y sabe cómo contactar y fundar redes de gente que le aporten las capacidades necesarias para llevar a buen fin un pro­yecto: trabaja en equipo, los moviliza y los forma. Tiene una sensibilidad aten­ta a las situaciones de ruptura y las aprovecha como posibilidades de atracción a los demás por el futuro que sabe proponer, un futuro destinado a hacer la vida más significativa para él y los otros. Se nutre espontáneamente en la vida comunitaria. Considera la innovación como un fenómeno asociado al trabajo y no como un rayo que desciende de las élites. Se auto impone el compromiso de aunar voluntades y sabe aceptar la disidencia y el conflicto con espíritu positivo: reconoce en ellos la variedad de la vida humana, componentes indispensables para llegar a una resonancia y no a la unificación hegemónica».

Este agente transformador, además de aprender ciertas habilidades y destrezas profesionales, debe potenciar sus saberes reflejos: aprender a aprender, conocer cómo se conoce, cambiar en el cambio. «Estos no son juegos de palabras, se trata de tareas indispensables, nuevos saberes reflexivos que nos dejan mejor situados cuando la certidumbre y lo estable dejan lugar a la incertidumbre y la deriva. (… ) Una educación que ignore esta necesidad criará jóvenes a merced del desempleo, la obsolescencia y la perplejidad causados por la fragmentación social que es lo que nos está ocurriendo hoy».

En este breve contexto histórico, las reformas a la Ley Orgánica de Educación Superior deben partir  destacando los desafíos de la educación superior en el Ecuador, en el marco de sus princi­pios, finalidades y objetivos institucionales, abordando el tema de acceso, los campos de docencia, investigación, vinculación con la colectividad, gestión institucional, planificación participativa, evaluación y acreditación, lo cual permitirá analizar con mayor rigurosidad y pertinencia la situación académica y jurídica de las instituciones de educación superior.

Ecuador Universitario

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