Orientación de la Educación Superior

La orientación de la Educación Superior puede conceptualizarse bajo dos enfoques: las Capacidades Humanas, definida por el filósofo Amartya Sen y sustentada por autores como Martha Nussbaum, Rafael Bisquerra y Nuria Pérez; y el Capital Humano, definido por el filósofo Theodore Schultz y sustentado por autores como Gary Becker, Jacob Mincer y Robert Solow.

Para el Economista Amartya Sen, el desarrollo humano se concibe como “un proceso integrado de expansión de las libertades fundamentales relacionadas entre sí, que integra las consideraciones económicas, sociales y políticas y permite reconocer el papel de los valores sociales y de las costumbres vigentes”. (Sen, 2000); es así que la educación representa una libertad que aporta al desarrollo y bienestar de los individuos, sin embargo el acceso y
permanencia a la Educación Superior integra otras libertades como: servicios económicos, oportunidades sociales, seguridad protectora, entre otras.

Por otra parte, el autor Theodore Schultz acuña el término de Capital Humano y lo explica de la siguiente manera: “al invertir en sí mismos, los seres humanos aumentan el campo de sus posibilidades. Es un camino por el cual los hombres pueden aumentar su bienestar”. (Schultz, 1960); es así que bajo este enfoque, los individuos alcanzan mayores posibilidades de desarrollo y, consecuentemente su bienestar a medida que adquieren conocimientos para realizar ciertas tareas productivas, adquiridas a través de la educación.

Además, uno de los objetivos del Sistema de Educación Superior es trascender de considerarse una fuente de conocimientos, a ser generadora del conocimiento y para esto es necesario desarrollar en los estudiantes un sentido crítico de analizar el entorno desde el enfoque del campo de sus estudios.

Para ello se puede tomar en cuenta el pensamiento complejo, que según Edgar Morín se define como la capacidad del ser humano de interconectar diferentes dimensiones de lo real; es decir, asumir una estrategia de pensamiento reflexiva y no reductiva ni totalizante ante la manifestación de hechos u objetos multidimensionales; para el autor es necesario que la Educación asuma el pensamiento complejo para posibilitar una política educativa compleja “pensar global/actuar local, pensar local/actuar global”. (Morín, 2002).

Es así que uno de los retos del Sistema de Educación Superior es estimular el pensamiento complejo como base para el desarrollo de actividades de enseñanza – aprendizaje y consecuentemente brindar a la sociedad profesionales críticos, que analizan los fenómenos y enfrentan situaciones desde una perspectiva abstracta y a su vez, plantean soluciones holísticas a la problemática de su entorno.

FUENTE:  https://bit.ly/2ZyrhBZ.

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