La exposición a al menos 1 día de estrés térmico extremo ha aumentado del 16 % al 22 % de la población global respecto a la década de 1970, lo que equivale a mil millones de personas adicionales. Esta carga de calor depende de múltiples factores ambientales, como la temperatura, la humedad, el viento y la radiación solar.

Mil millones de personas más sufren al menos un día de calor extremo al año en comparación con la década de 1970. Esta es la principal conclusión de un reciente estudio, publicado en Nature Climate Change. Según los hallazgos, el estrés térmico global se está intensificando en eventos que ocurren tanto de día como de noche, e incluso durante ambos periodos.
Si bien las olas de calor son cada vez más frecuentes, prolongadas y severas, los cambios globales en el calor aún no se cuantifican adecuadamente a escala mundial
Si bien las olas de calor son cada vez más frecuentes, prolongadas y severas, los cambios globales en el calor que experimentan las personas, incluido el calor nocturno y el diurno y nocturno, aún no se cuantifican adecuadamente a escala mundial.
Las cubiertas blancas y los parques urbanos reducen el calor en la ciudad, pero no compensan el calentamiento extremo del planeta
Hasta 50 días adicionales al año de estrés térmico
El equipo científico, de Alemania y Reino Unido, analizó un conjunto de datos globales sobre el estrés térmico humano desde 1950 hasta 2024 y descubrió que la sensación térmica ha aumentado en los días y noches más cálidos desde la década de 1970. Las diez noches más cálidas de cada año se han calentado más rápido que los diez días más cálidos, a una tasa promedio global de 0,32 °C por década en comparación con 0,27 °C por década, respectivamente.
lLos sistemas de alerta temprana, las intervenciones de refrigeración urbana y la integración de indicadores de estrés térmico en las evaluaciones de riesgo climático pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad
La exposición a al menos 1 día de estrés térmico extremo ha aumentado del 16 % al 22 % de la población mundial, lo que equivale a mil millones de personas adicionales.
Los autores concluyen que el estrés térmico global está aumentando en frecuencia, gravedad y duración, tanto de día como de noche. Sugieren que los planes de acción para la salud relacionados con el calor, los sistemas de alerta temprana, las intervenciones de refrigeración urbana y la integración de indicadores de estrés térmico en las evaluaciones de riesgo climático pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad.
El impacto en el ámbito laboral
En España, el estrés térmico afecta sobre todo a las personas que realizan trabajos al aire libre en sectores como la agricultura, la construcción o el mantenimiento de carreteras. En la agricultura, la situación se agrava por el uso de fertilizantes y fitosanitarios que pueden afectar a las vías respiratorias y generar otros daños a la salud por su toxicidad.
Algunos de los efectos indeseados del estrés térmico a corto plazo sobre el cuerpo son el agotamiento por calor, deshidratación, o síncopes
También se destacan algunas actividades realizadas en interiores, pero con riesgo de estrés térmico, como las industrias en las cuales los propios procesos productivos generan calor, procesos industriales, siderurgia, inyecciones de plásticos, etc. Se recomienda mantener la tempratura controlada por exigencia del propio proceso productivo.
A largo plazo, una persona podría sufrir enfermedades cardiovasculares, renales, trastornos respiratorios, baja fertilidad y otras enfermedades crónicas preexistentes
La fundación destaca la importancia de la educación y las medidas adecuadas en los centros de trabajo tanto interiores como exteriores para proteger a los trabajadores y reducir el riesgo de impacto sobre su salud.
Referencia:
Emerton, R. et al. (2026). “Global heat stress intensification and its expanding footprint on the human population”. Nature Climate Change.

