Estos animales segmentan el habla en palabras de una manera que hasta ahora solo se había observado en humanos, según revela un nuevo estudio realizado en Hungría. Esto sugiere que el procesamiento eficiente del habla no es necesariamente una consecuencia de las capacidades lingüísticas únicas de los seres humanos.

Los seres humanos y el lenguaje mantienen una relación única. Ninguna otra especie posee capacidades lingüísticas tan complejas como las nuestras, y el cerebro humano es especialmente sensible a las características del habla. Pero existe un antiguo interrogante: ¿procesamos el habla con tanta eficiencia porque nuestros cerebros están inherentemente diseñados para hacerlo así, o porque estamos constantemente expuestos al habla?
«Las palabras están formadas por dos tipos principales de sonidos del habla: vocales y consonantes. Aunque las vocales son más fuertes y llamativas, las consonantes suelen constituir el esqueleto de las palabras. En una corriente continua de habla, resulta más fácil detectar palabras individuales cuando nos centramos en las consonantes. Y desde la infancia, esto es precisamente lo que tiende a hacer el cerebro humano. Este fenómeno se conoce como sesgo consonántico», explica Attila Andics, neurocientífico cognitivo, director del Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación, financiado por el ERC, y autor principal del estudio.

En una corriente continua de habla, resulta más fácil detectar palabras individuales cuando nos centramos en las consonantes

«Pero ¿la aparición del sesgo consonántico —es decir, la adaptación al habla— requiere las complejas capacidades lingüísticas que son exclusivas de los seres humanos? ¿Requiere un cerebro que esté conectado de manera inherentemente diferente? ¿O podría la adaptación al habla surgir mediante un aprendizaje sencillo de patrones, basado en principios que también están presentes en otras especies animales que no pueden hablar?», se pregunta Andics.
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Para averiguarlo, los investigadores del Grupo de Investigación en Neuroetología compararon las respuestas cerebrales de 20 seres humanos y 20 perros de compañía ante el habla.
El habla moldea el cerebro de los perros
«Razonamos que, si la preferencia por las consonantes —el tipo de sonido del habla acústicamente menos destacado— requiere capacidades lingüísticas exclusivamente humanas para desarrollarse, entonces otras especies no deberían mostrar dicha preferencia. Ni siquiera los perros, a pesar de pasar gran parte de su vida rodeados de habla humana», explica Boglárka Morvai, bióloga e investigadora posdoctoral del Grupo de Investigación en Neuroetología y coautora principal del estudio.

Razonamos que, si la preferencia por las consonantes requiere capacidades lingüísticas exclusivamente humanas para desarrollarse

«Por el contrario, si la adaptación al habla se basa en formas sencillas de aprendizaje de patrones a partir de la exposición repetida al habla, entonces el sesgo consonántico también debería aparecer en el cerebro de los perros, aunque hasta ahora no se haya encontrado un sesgo semejante en especies de primates mucho más próximas a los seres humanos», continúa Morvai.
Durante el experimento, los participantes humanos y los perros escucharon secuencias continuas de habla sin segmentar. Las consonantes y las vocales se alternaban a lo largo de estas secuencias, sin pausas ni otras señales acústicas que las separaran. Las secuencias diferían en función de si contenían patrones recurrentes y, en caso afirmativo, de qué tipo.
Había tres tipos. En el primero, los patrones recurrentes de consonantes formaban palabras consecutivas de tres sílabas o, más exactamente, esqueletos de palabras, porque las vocales que aparecían entre las consonantes podían variar libremente.
Durante el experimento, los participantes humanos y los perros escucharon secuencias continuas de habla sin segmentar
En el segundo tipo, la situación se invertía: eran los patrones recurrentes de vocales los que formaban el esqueleto de las palabras. Finalmente, el tercer tipo, utilizado como control, no contenía ningún patrón recurrente, por lo que las sílabas no formaban palabras, sino que se sucedían en un orden aleatorio.
El cerebro sigue el ritmo
Para medir la actividad cerebral, los investigadores utilizaron electroencefalografía (EEG) no invasiva, registrando la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. También se basaron en un fenómeno neuronal especial denominado sincronización neuronal: nuestra actividad cerebral puede adoptar el ritmo que detectamos en los sonidos que escuchamos.
Y cuanto más fiable es la detección de ese ritmo, más rítmica se vuelve la respuesta cerebral. Los investigadores esperaban que, si el cerebro de una especie presenta una preferencia por las consonantes, debería seguir con mayor facilidad el ritmo de las palabras cuando las consonantes forman la estructura de esas palabras.
Los resultados revelaron sorprendentes similitudes entre ambas especies.

En ambas especies, esta sincronización fue más fuerte que en las secuencias estructuradas mediante vocales o en las secuencias de control

«En las secuencias de habla estructuradas mediante consonantes, los cerebros de los perros, al igual que los cerebros humanos, se sincronizaron correctamente con el ritmo de las palabras. En ambas especies, esta sincronización fue más fuerte que en las secuencias estructuradas mediante vocales o en las secuencias de control. Esta es la primera evidencia de que el sesgo consonántico también puede aparecer en el cerebro de una especie distinta de los humanos», afirma Kinga G. Tóth, psicóloga, coautora principal del estudio e investigadora doctoral del grupo.
El momento en que se producían las respuestas cerebrales proporcionó más pruebas de la existencia de un sesgo consonántico en los perros. Aproximadamente 400 milisegundos después del comienzo de cada palabra, apareció un cambio distintivo en la actividad eléctrica del cerebro tanto de los humanos como de los perros, pero únicamente en el caso de las palabras estructuradas mediante consonantes. Esta ventana temporal es precisamente la que se sabe que refleja la segmentación del habla continua en palabras individuales.
Esta ventana temporal es precisamente la que se sabe que refleja la segmentación del habla continua en palabras individuales
«Esto aporta más pruebas de que el sesgo consonántico no requiere mecanismos de procesamiento del lenguaje preprogramados que aparezcan durante un periodo específico del desarrollo temprano. En cambio, esta preferencia neuronal también puede surgir mediante formas relativamente sencillas de aprendizaje de patrones».
Diferencias entre especies
Los investigadores también observaron dos diferencias interesantes entre las especies.
En primer lugar, los seres humanos también fueron capaces de detectar palabras definidas por patrones de vocales, aunque con menos éxito que cuando las consonantes formaban la estructura de las palabras. Los perros, sin embargo, no lo hicieron. Esto sugiere que, a la hora de aprender patrones lingüísticos inesperados o no preferidos, los seres humanos podrían desenvolverse mejor.
La segunda diferencia estaba relacionada con los otros ritmos que ambas especies detectaban en las secuencias de habla. El ritmo de las sílabas apareció en las respuestas cerebrales de ambas especies, pero solo el cerebro humano se sincronizó con el ritmo de los sonidos del habla.
Esto sugiere que el cerebro humano puede procesar el habla continua con una resolución más fina
«En conjunto, estos resultados sugieren que la adaptación del cerebro al habla —y, en concreto, la aparición del sesgo consonántico— no requiere un cerebro preprogramado ni capacidades lingüísticas similares a las humanas», concluye Andics.
«En cambio, la exposición habitual al habla puede ser suficiente para modificar el funcionamiento del cerebro y dar lugar a características de procesamiento que anteriormente solo se habían observado en humanos, incluso en una especie evolutivamente alejada de nosotros», concluye.
Referencia:
B. Morvai, K. G. Tóth, M. Boros, D. S. Rácz, I. Iotchev, K. Szabó, A. Andics (2026), «Neural evidence that dogs segment the speech they hear with a humanlike consonant bias», Science.
