Entrevista a Rodolfo Bueno Ortiz Asociación AMARUN

Por: Rodolfo Bueno

Hoy, 5 de julio de 2026, se fue para siempre Nino Asdrúbal Endara, mi buen amigo y compañero de trabajo en la Escuela Politécnica Nacional del Ecuador, (EPN). Los dos nos especializamos en Moscú, para educarnos y colaborar con el desarrollo del país, él en lógica matemática, para eliminar el futuro sombrío que el Ecuador de entonces ofrecía. Los dos nos sacamos la lotería de vivir en la Unión Soviética, un país que nos dio de todo a cambio de nada: buena vida, cultura, vacaciones y excelente educación académica, sin tener que arriesgar nuestras vidas, para con mil y un sacrificios salir adelante. Trabajo no le faltó, pues tenía amplios conocimientos matemáticos. Poco a poco ascendió a escalones altos, tan altos como pocos ecuatorianos lo han logrado, y no se exagera, pues llegó a ser profesor principal de la EPN, donde se jubiló.

Ya jubilado continuó sus estudios en nuestro país, donde nunca fue bien reconocida su valía. No se hace referencia a las relaciones sociales, que nunca le faltaron, sino al aprovechamiento de su sapiencia para el desarrollo de la patria, tal como le hubiera gustado. ¿Por qué? No lo sé, pero lo cierto del caso es que a pesar de sus esfuerzos jamás pudo servir a Ecuador tal como le hubiera gustado.

Pese a ello, jamás perdió su buen humor, su sempiterna sonrisa y su carácter jovial y bonachón. Siempre dispuesto a ayudar al que podía, aliviaba con su generosidad las necesidades del prójimo. De convicciones firmes, como debe ser, defendía sus ideas de paz, libertad y justicia con vehemencia, pero respetando la opinión ajena. Nuestras discusiones nunca tuvieron comienzo ni fin, eran una sucesión de argumentos que se fundamentaban en experiencias propias, pero tan propias que no podíamos renegar de ellas. Pero ahora, que me hace falta, le daría la razón en todo con tal de verlo otra vez. Es que nos hace falta, mucha falta. Sin embargo, parte de sus convicciones en la existencia o no de algo Supremo, Divino, queda con nosotros. Tal vez por la necesidad que tenemos los mortales de saber adónde vamos o tal vez por el hecho de que somos los únicos que nos planteamos preguntas que nunca podremos contestar. ¿Qué somos, para qué estamos aquí y que nos espera después de nuestra definitiva partida? Guardemos la pequeña esperanza de que Nino, en nuestros sueños, nos ayude a despejar estas incógnitas.

Y el “No somos nada” resuena en nuestras mentes con el estrépito de mil caballos que buscando salida al laberinto de la vida, se desbocan espoleados por un inexistente látigo, dejando tras de sí un rastro de olores a flores e incienso. Ojalá sea cierto lo del túnel, en cuyo final se distingue una luz diáfana que provoca la paz consigo mismo, para que en ese momento Nino sienta la más absoluta armonía interior.

Y qué buen jugador de ajedrez era Nino, el mejor de todo nuestro grupo. No le podíamos ganar ni aunque adrede cometiera errores. Qué buen padre de familia fue, trajo al mundo tres maravillosos hijos. Uno de ellos, Ilia, partió antes de lo previsto y lo debe esperar con los brazos abiertos.

Hoy, desde las 14 hasta las 19 horas, en la Funeraria Internacional, situada en Naciones Unidas y Veracruz será su velorio. Personalmente no estaré presente, mi estado de salud me impide salir de casa, pero hago llegar a toda su familia mi más sentido pésame y desde ya lo extrañaré siempre. Su amigo del alma, Rodolfo Bueno.

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