La Victoria Aliada en la Segunda Guerra Mundial (IV)

Entrevista a Rodolfo Bueno Ortiz Asociación AMARUN

 Por: Rodolfo Bueno 

El General Eisenhower en su libro “Cruzada en Europa” escribe que se encontraba a 480 Km de Berlín y le era imposible llegar a esta ciudad antes que los rusos, que estaban apenas a 50 Km. Lo que no explica es por qué sucedió así, en fin de cuentas, después del desembarco en Normandía los soviéticos se encontraban lejos de Berlín. Mientras el Ejército Aliado liberó el norte de Francia, Bélgica y el oeste de Alemania, en ese mismo lapso, para llegar a 50 Km de Berlín, el Ejército Rojo liberó gran parte del territorio ruso, bielorruso, ucraniano, moldavano, un pedazo de Finlandia y Noruega, toda Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, el oriente de Alemania y buena parte de Austria y Checoslovaquia.

Tampoco es correcto decir que los Aliados no estaban interesados en la toma de Berlín. En septiembre de 1944, el Mariscal Montgomery escribe al General Eisenhower: “Está claro que Berlín es nuestra meta principal (…) no hay ninguna duda sobre que debemos concentrar toda nuestra energía y recursos para rápidamente realizar un golpe en dirección a Berlín”.

Hay un detalle extra que descaradamente se pretende ocultar: El 16 de diciembre de 1944, cuando en las Ardenas los alemanes desencadenaron la contraofensiva “Viento del Norte” y la Wehrmacht rompió las defensas de los Aliados en un sector de 80 Km y se introdujo dentro del territorio aliado unos 100 Km en 10 días, golpeando al Ejército de los EE.UU. acantonado en Alsacia, y amenazando con cercar a las tropas aliadas acantonadas al noreste de Estrasburgo, con lo que las tropas anglo-norteamericanas corrían el peligro de un segundo y más desastroso Dunquerke, Sir Winston Churchil envió el 6 de enero de 1945 el siguiente telegrama a Stalin: “La batalla acá en el Oeste es muy difícil y puede que en cualquier momento sea necesario tomar decisiones del mando supremo. Usted conoce muy bien qué difícil puede ser la situación en un frente muy amplio, cuando éste debe ser defendido después de haber perdido la iniciativa. El General Eisenhower está deseoso de conocer qué planes tienen ustedes. ¿Se podrá contar con una gran ofensiva en el Vístula o en cualquier otra parte durante el mes de enero? Este tema es muy urgente para nosotros”.

Con respecto a este problema, el General Eisenhower escribe al Ministro de Defensa de los Estados Unidos: “La tensión de esta situación podría disminuir en mucho si los rusos comenzaran una gran ofensiva”, y pide ayuda de urgencia a su gobierno, la misma que se le ofrece para después de dos meses, por lo que la única salvación es que el Ejército Soviético comience una ofensiva que obligue a los alemanes a retirar sus fuerzas del Frente Occidental hacia el Oriental, y salvar de esta manera a las fuerzas aliadas de una verdadera catástrofe.

El 7 de enero, Stalin le contesta a Churchill: “Para nosotros es muy importante aprovechar nuestra superioridad en artillería y aviación, para lo cual es necesario que haya buen tiempo, pero, sin tomar en cuenta las dificultades que representa el mal tiempo, en vista de la situación en que se encuentran nuestros aliados en el Frente Occidental, el Comando Supremo del Ejército Soviético ha decidido completar la preparación, en un ritmo rápido y, sin tomar en cuenta las condiciones meteorológicas, desencadenar una ofensiva a gran escala contra los alemanes a lo largo de todo el Frente Central, no más allá de la mitad del mes de enero”. A lo que Churchill responde: “Le estoy enormemente agradecido por su emocionante misiva. Ojalá, los acompañe la buena suerte en su noble tarea. Sus noticias reconfortaron inmensamente al General Eisenhower, puesto que los alemanes deberán dividir sus fuerzas”. El viernes 12 de enero, los soviéticos comenzaron una ofensiva generalizada en la línea Óder-Vístula. El 14 de enero, el mismo Eisenhower envió un telegrama a Stalin en el que le decía: “La importante noticia acerca de que el indomable Ejército Rojo con un nuevo y poderoso asalto se mueve adelante ha despertado en las fuerzas aliadas de Occidente un gran entusiasmo. Yo le expreso a usted, y a todos aquellos que dirigen esta gigantesca ofensiva y participan en ella, mis felicitaciones y mejores deseos”.

La ofensiva soviética tomó a los alemanes por sorpresa. Las tropas del primer frente de Bielorusia, bajo las órdenes de Zhukov, avanzaron desde el Vístula en dirección a Berlín y las del segundo frente de Bielorusia, al mando de Rokosovsky, comenzaron una ofensiva en el norte en dirección a Danzig. Las fortificaciones que los alemanes habían construido para impedir el cruce del Vístula eran muy poderosas; sabían que una vez que los soviéticos lo cruzaren, la toma de Varsovia era inevitable y el camino a Berlín quedaba abierto. La noche del 17 de enero de 1945, los soviéticos forzaron el Vístula y luego de cruentos combates liberaron Varsovia, que estaba en ruinas.

El 19 de enero, las tropas de Koniev liberaron Cracovia y para fines de enero las tropas de Zhukov cruzaron al sur de Poznan la frontera polaca-alemana de 1938 y en su camino hacia Francfort del Oder tomaron la provincia alemana de Brandemburgo. En la batalla por Königsberg, la capital de Prusia Oriental, cayó gravemente herido el General Cherniajosky, el más joven de los generales soviéticos y uno de los más brillantes, como consecuencia de estas heridas murió poco después.

El 29 de marzo, las tropas soviéticas entraron en Austria; el 30, en Danzig; el 4 de abril, en Bratislava, capital de Slovakia; el 9 de abril capturaron Königsberg y toda Prusia Oriental; el 13 de abril, las tropas de Malinovsky liberaron Viena. Ahora a las tropas soviéticas sólo les faltaba forzar el paso de los ríos Oder-Neisse, para que se despejase el camino a Berlín, que era no sólo capital política del nazismo sino también el centro industrial de Alemania, razón por la que allí se habían concentrado importantes fuerzas de la Wehrmacht, se habían construido grandes fortificaciones de defensa, de una profundidad de entre 20 y 40 Km, los puentes estaban minados y listos para hacerlos estallar y había grandes barricadas en todas las calles que conducían a su centro. La lucha por tomar Berlín sería a muerte, se defendía con un poco más de un millón de soldados y oficiales. La parte central, donde se encontraban Reichstag y la Cancillería, era la más protegida.

En el plan para tomar Berlín se analizaron todas las implicaciones militares, políticas y económicas; el objetivo era separar a las fuerzas alemanas en dos. Para ello se debía romper las defensas del Oder-Neisse, rodear a las tropas alemanas, dividirlas en algunas partes, destruirlas una a una y después dirigirse al Elba para encontrarse con los Aliados, comandados por el General Eisenhower. Para la realización de este plan, el alto mando soviético concentró al este del Oder a 2.5 millones de hombres, 42 mil piezas de artillería, 1500 tanques y 3300 aviones.

La mañana del 18 de abril, los rusos se acercaron al río Spree, que atraviesa Berlín, lo forzaron e iniciaron la ofensiva contra la ciudad. Por doquier las batallas se caracterizaban por su extremada dureza, y el avance soviético disminuyó de ímpetu, pero no fue detenido. La mañana del 22 de abril, el tercer ejército de tanques rompió las defensas del sur de la capital de Alemania, lo que imposibilitó el envío de refuerzos alemanes por esa ruta. El 24 de abril, las tropas de Koniev y las de Zhukov se reunieron en el suroriente de Berlín y el 25 de abril, en la región de Torgau, sobre el río Elba, las tropas soviéticas y las aliadas entraron en contacto y se produjo una verdadera fiesta de amistad entre los soldados de ambos ejércitos.

Para fines de abril, el Comando Soviético fijó su atención en la toma de Berlín. El General Rokosovsky hizo el siguiente llamamiento a las tropas bajo su mando: “Ante ustedes, valientes soviéticos, está Berlín. Ustedes deben tomar Berlín y tomarla lo más pronto posible, de tal manera que el enemigo no logre recobrarse. ¡Por nuestra patria, adelante! ¡A Berlín!” El 26 de abril, el Ejército Soviético rompió la férrea resistencia de las tropas alemanas de Berlín y el 29 de abril comenzó la lucha por la toma del Reichstag. El 30 de abril las batallas fueron extremadamente duras, todo el tiempo se combatía sin descanso; los contrincantes de ambos bandos no conocían de fatigas, aun así las guarniciones alemanas cayeron una a una.

El 30 de abril, Hitler contrajo matrimonio con Eva Braun, escribió dos testamentos, uno personal y otro político, mató a lo único que de verdad llegó a querer en su vida, su perro “Blondi”, y, aparentemente, se suicidó.

El 1 de mayo fue tomado el Reichstag y la bandera roja, izada por los sargentos Mijail Yegórov, Abduljakim Ismaílov y Melitón Kantaria, flameó como símbolo del heroísmo soviético. La instantánea, que inmortalizó la toma de Berlín por el Ejército Soviético, fue tomada por el fotógrafo Evgeni Jaldei. Ese día, el General Krebs pidió un alto al fuego e iniciar conversaciones soviético-alemanas. La parte soviética rechazó la propuesta porque no contemplaba la capitulación incondicional, tal como lo exigían las fuerzas aliadas. A las 15 horas del 2 de mayo, la guarnición de Berlín se rindió incondicionalmente. La batalla de Berlín duró 17 días, fue larga y sangrienta.

El 5 de mayo se produjo el levantamiento de Praga, ciudad donde se concentró lo más selecto de las tropas de las Waffen SS de Alemania y donde la lucha continuó hasta el 9 de mayo, a pesar de que ya el 7 de mayo Alemania había firmado la capitulación incondicional por parte del Mariscal Jodl, en Reims, y el 8 de mayo había hecho lo mismo Von Keitel ante el Mariscal de la Unión Soviética Gueorgui Zhúkov, en el suburbio berlinés de Karlshorst. Cuando los alemanes amenazaban con destruir Praga, los tanques del general Koniev la liberaron el 9 de mayo de 1945, lo que selló el último día de la guerra en Europa y la victoria soviética, con la importante contribución de los Aliados.

Desde la fatídica madrugada del 22 de junio de 1941, cuando Alemania Nazi atacó a la Unión Soviética, habían transcurrido 1.418 días de incesante lucha. Vale la pena recalcar que Alemania Nazi había perdido la guerra antes de comenzarla, porque se había ido en contra de todos los sueños de libertad del hombre.

La Segunda Guerra Mundial dejó cambios profundos en la estructura social del mundo y en la consciencia colectiva del genero humano. La victoria aliada es la más grande epopeya de los pueblos del planeta por conquistar su derecho a la vida, contra el fascismo, que es por naturaleza propia su negación. Esta lucha no ha concluido mientras subsistan en el seno de nuestras sociedades el anticomunismo, el racismo, el chovinismo, la intolerancia y el militarismo, banderas bajo las cuales se ocultan los mayores enemigos de la especie humana.

Cuando Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945, se encontraba en un búnker, donde se había refugiado en busca de protección de las tropas soviéticas que, al final de la guerra, lo tenían acorralado durante la batalla por Berlín.

Se desconoce por qué continuó luchando cuando Alemania sólo reculaba y había perdido toda iniciativa a partir de la derrota de Kursk. El sueño de las armas secretas, con las que pensaba ganar la guerra o, por lo menos, prolongarla hasta negociar una paz conveniente para sus intereses, se había esfumado como resultado del avance de las tropas soviéticas; fabricar la bomba atómica era imposible, lo mismo que sus cohetes portadores. Por más que la providencia le hubiera protegido del atentado del Coronel Stauffenberg, del 20 de julio de 1944 -Hitler creía mucho en este tipo de cábalas-, las circunstancias del momento le indicaban que no tenía salvación. ¿Qué esperaba, entonces? Que la unidad aliada en su contra se rompiera, pues era inconcebible que esa alianza se mantuviera, porque el nazismo en sus raíces ideológicas era mucho más cercano al capitalismo estadounidense y al imperialismo inglés que el comunismo, del que los tres eran enemigos acérrimos.

En su testamento político, escrito horas antes de su suicidio, Hitler expulsó del Partido Nazi a Goring y Himmler. Les acusó de tratar de hacerse del poder y, sin su consentimiento y contra su voluntad, intentar negociar la paz con los Aliados occidentales, con lo que “han hecho un daño enorme al país y a toda la nación… Antes de mi muerte, expulso del partido y de todas sus oficinas al antiguo Reichsführer SS y Ministro del Interior, Heinrich Himmler”. ¿Qué pasó realmente?Que un sector de Alemania buscaba capitular separadamente ante Occidente. El 21 de febrero de 1945 se inició en Berna ‘la Operación Amanecer’, en la que los jefes de las SS ofrecieron su colaboración a Occidente. Allí residía Allan Dulles, futuro director de la CIA, abogado de Wall Street y asesor de grandes empresas estadounidenses. En el norte de Italia, a donde Alemania había trasladado gran parte de su industria militar y las SS tenían su cuartel general, vivía Karl Wolff, Jefe Supremo de las SS en Italia. Himmler quería pactar con los norteamericanos y lo envió a Suiza para que negocie el apoyo a Alemania nazi en su lucha contra la Unión Soviética. Wolff, acompañado de altos oficiales, se reunió con Dulles en Zurich, para acordar que la Wehrmacht capitulara y no llevara a cabo su plan de atrincherarse en los Alpes, algo que Wolff no podía hacer sin el visto bueno del ejército, sólo lo podía hacer el Mariscal Kesselring, Comandante del Frente Occidental. Por eso, la capitulación de Alemania en Italia está relacionada con la capitulación de todo el Frente Occidental.

Wolff no logró convencer a Kesselring de que capitule, el mariscal no quería romper su juramento al Führer. Himmler le da un ultimátum a Wolff: o bien le revela de las conversaciones con los aliados y cómo ha negociado la capitulación de la Wehrmacht en Italia o le informará a Hitler que ha cometido alta traición. Wolff se reúne con Hitler, que le permite continuar con las negociaciones.

El 12 de abril de 1945 muere el Presidente Roosevelt, partidario de que Alemania capitule incondicionalmente y contrario a cualquier negociación con el nazismo. El 22 de abril, Dulles recibe órdenes de suspender las negociaciones, norteamericanos y británicos no quieren provocar a los soviéticos en los últimos días de la guerra. El 25 de abril, los comunistas liberan Milán. ¿Quedará bajo control rebelde el norte de Italia y el sur de Francia, como teme Occidente? No, porque la Wehrmacht capitula en Italia y no se atrincherara en los Alpes.

Luego del suicidio de Hitler, queda la pegunta: ¿Fue la ‘Operación Amanecer’ un pacto que no tuvo valor alguno sin el visto bueno de Hitler? Lo más probable es que así fuera. Como una ironía de la historia, los agentes soviéticos, infiltrados en el alto mando alemán, mantuvieron bien informado a Stalin sobre la ‘Operación Amanecer’.

También existe la ‘Operación Impensable’, el plan británico para atacar a la Unión Soviética. Fue ordenado por Churchill a finales de la Segunda Guerra Mundial y fue desarrollado por las Fuerzas Armadas Británicas. Contemplaba “imponer a Rusia la voluntad de Estados Unidos y el Imperio Británico”, contaba con el uso de fuerzas polacas y soldados alemanes, capturados durante la guerra. Churchill ordenó al Ejército Británico apoderarse de armas alemanas para usarlas contra la URSS luego de que Alemania se rindiera. Finalmente, la derrota electoral de Churchill de 1945 y la necesidad de la ayuda soviética a EEUU en el conflicto con Japón enterraron el ‘Plan Impensable’, que hubiera sido el inicio de la Tercera Guerra Mundial. ¿Conocía de eso Hitler? ¿Estaban ‘la Operación Amanecer’ y el ‘Plan Impensable’ concatenados? Lo más probable es que sí. Pero ese secreto lo llevó Hitler a la tumba.

La guerra que Alemania desató contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de exterminio basada en la ideología nazi, que consideraba a los pueblos eslavos, gitanos y judíos como razas inferiores que ocupaban el «espacio vital» (Lebensraum) que, según los nazis, pertenecía a la «raza aria». Este objetivo genocida se tradujo en un número elevadísimo de víctimas civiles y crímenes atroces en los territorios ocupados de la URSS, incluyendo masacres, ejecuciones en masa, hambrunas planificadas y el uso de Einsatzgruppen (equipos móviles de exterminio) para asesinar sistemáticamente a judíos, gitanos y otros grupos considerados «indeseables».

En el frente oriental, la guerra fue particularmente brutal, con más de 20 millones de civiles soviéticos muertos, incluyendo víctimas del Holocausto, el sitio de Leningrado y las políticas de tierra arrasada. Los nazis no solo buscaban conquistar territorio, sino también exterminar o esclavizar a las poblaciones locales para colonizar la región con alemanes.

En cambio, en el frente occidental, aunque también hubo atrocidades y bombardeos indiscriminados contra ciudades como Londres, Rotterdam y Dresde, el objetivo no fue el exterminio de poblaciones enteras por motivos raciales; incluso, los bombardeos aliados, incluyendo las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, causaron un enorme sufrimiento civil, pero respondían a una lógica militar y estratégica, no a un plan de exterminio racial como en el este.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo quedó devastado tanto económica como socialmente. Para evitar futuros conflictos y garantizar la reconstrucción, las potencias aliadas impulsaron la creación de instituciones internacionales que promovieran la paz, la cooperación económica y el bienestar global.

Uno de los pilares fundamentales de la nueva era fue la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fundada el 24 de octubre de 1945. Su principal objetivo era mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar la cooperación entre países y defender los derechos humanos. Dentro de la ONU, se crearon organismos como el Consejo de Seguridad, encargado de resolver conflictos internacionales, y la Asamblea General, donde los países debaten y toman decisiones conjuntas. Además, agencias especializadas como la UNESCO, la FAO y la OMS trabajan en la promoción de la educación, la alimentación y la salud a nivel mundial.

Para la reconstrucción económica de Europa, Estados Unidos implementó el Plan Marshall en 1947, un programa de ayuda financiera que permitió la recuperación de los países europeos devastados por la guerra. En paralelo, se crearon instituciones financieras globales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el fin de impulsar el desarrollo económico, estabilizar las finanzas internacionales y reducir la pobreza.

En el ámbito comercial, en 1947 se estableció el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), que más tarde evolucionó en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta institución promovió la reducción de barreras arancelarias y facilitó el comercio internacional, lo que ayudó a la recuperación económica de muchas naciones.

Además, en Europa surgieron iniciativas de integración como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1951, que más tarde daría origen a la Unión Europea (UE). Este proceso de cooperación regional permitió fortalecer la economía, reducir rivalidades históricas y garantizar la paz entre los países del continente.

Actualmente estas instituciones han sido criticadas por su burocracia, ineficiencia y falta de respuesta rápida ante crisis globales. La ONU, por ejemplo, ha sido incapaz de evitar algunos conflictos importantes, como las guerras en Vietnam, Afganistán, Siria o Ucrania, debido a la falta de consenso entre los miembros del Consejo de Seguridad.

El FMI y el Banco Mundial han sido señalados por imponer políticas económicas restrictivas que, en algunos casos, han afectado a países en desarrollo en lugar de ayudarlos. Además, la globalización económica promovida por la OMC ha generado desigualdades, beneficiando más a ciertos países y grandes corporaciones, mientras que muchas economías pequeñas han tenido dificultades para competir.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo entró en una nueva etapa marcada por la rivalidad entre dos superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Este enfrentamiento, conocido como la Guerra Fría, no se libró en el campo de batalla directo, sino a través de conflictos indirectos, una intensa carrera armamentista y una lucha por la influencia política, económica y militar en todo el planeta.

Uno de los aspectos más preocupantes de la Guerra Fría fue el riesgo constante de un conflicto nuclear. Con el desarrollo de armas atómicas por ambas potencias, especialmente después de que la Unión Soviética probara su primera bomba en 1949, el mundo quedó en un estado de tensión permanente. La doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) significaba que cualquier guerra entre EE. UU. y la URSS podría acabar con la civilización, lo que llevó a una serie de crisis diplomáticas de alto riesgo, como la Crisis de los Misiles en Cuba en 1962.

A lo largo de este periodo, el mundo quedó dividido en dos bloques ideológicos. Estados Unidos lideró el bloque capitalista, con sus aliados en Europa Occidental y otras partes del mundo, mientras que la Unión Soviética promovió el comunismo, apoyando a regímenes afines en Europa del Este, Asia, África y América Latina. Esta rivalidad se tradujo en conflictos indirectos, como la Guerra de Corea (1950-1953), la Guerra de Vietnam (1955-1975) y diversas intervenciones en países del Tercer Mundo.

Además de la confrontación militar, la Guerra Fría también impulsó una carrera espacial y tecnológica. La Unión Soviética sorprendió al mundo en 1957 con el lanzamiento del Sputnik 1, el primer satélite artificial, lo que llevó a Estados Unidos a redoblar esfuerzos y culminar con la llegada del hombre a la Luna en 1969. Esta competencia aceleró el desarrollo científico y tecnológico, con avances en telecomunicaciones, informática y medicina.

Finalmente, la Guerra Fría llegó a su fin con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991. El mundo entró en otra era, pero la sombra de la amenaza nuclear nunca desapareció por completo. A pesar de la reducción de armas atómicas y los acuerdos de no proliferación, el peligro de un conflicto nuclear sigue latente en el siglo XXI, con nuevas tensiones geopolíticas y el desarrollo de tecnología armamentista cada vez más avanzada.

Rodolfo Bueno

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