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Aram Aharonian: “Estamos en plena batalla cultural: la guerra comunicacional es por imponer imaginarios colectivos”

Las declaraciones de Aram Aharonian para realizar la sinopsis de su último libro “La internacional del terror mediático”, fueron tomadas de sendas entrevistas realizadas por el portal Nodal.am y el periódico El Telégrafo de Ecuador y remitidas por www.cronicon.net a EcuadorUniversitario.Com

La internacional del terror mediático (Punto de Encuentro Editorial, Buenos Aires, 2015) el nuevo libro del experimentado periodista uruguayo Aram Aharonian, fundador y primer director del canal internacional Telesur, es un excelente ejercicio de reflexión sobre la hegemonía de los medios en Latinoamérica en el que además desafía a los sectores progresistas de la región a avanzar en la concreción de un modo novedoso y creativo hacia una nueva comunicación popular e integrada.

Al analizar la imposición de agendas políticas por parte de las cadenas internacionales de noticias, invita a una revolución informativa, para sustituir a un sistema oxidado de manipulación y guerra mediáticas. Para ello Aharonian utiliza como simbología el terror y la guerra y explica que lo hace habida cuenta que si bien es cierto que la lucha es la misma, el escenario ha cambiado radicalmente:
“Guerra convencional, guerra de guerrillas, guerra cultural: el enemigo es el mismo, la utopía sigue siendo la misma. Lo que cambia es el escenario, los fierros. El enemigo antes -hace cuatro décadas- usaba a las fuerzas armadas para imponer un modelo político, económico y social (con muertos, desaparecidos, torturados). Hoy no necesita bayonetas ni tanques; le basta el control de los medios masivos de comunicación. Y así nos bombardean con información, publicidad, entretenimiento (series de televisión, juegos cibernéticos, por ejemplo), las 24 horas del día, con su mensaje e imagen única, en la sala o en el dormitorio de nuestras propias casas”.

“Nos habían dicho años atrás -agrega- que la prensa era el cuarto poder, la que fiscalizaba, si alguna vez lo fue, hace rato que los medios de comunicación hegemónicos son el primer poder en varios países. Son empresas de comunicación o corporaciones económicas que utilizan los medios para vender sus productos. Su lema no es producir buena información sino más dinero. El problema radica en que los medios han dejado de interesarse por la información y se usan más para la manipulación. Venden refrescos, pero también proyectos políticos, económicos y venden religión. El problema que se plantea es que los medios juegan con la información dirigida a la percepción de los individuos y no a su razonamiento. Son golpes bajos permanentes que además son noticias instantáneas que no tienen contextualización, lo que logran impactar al colectivo y han sido utilizados para desestabilizar sobre todo a los gobiernos populares de América Latina”.

El periodista y analista de medios, actualmente director del semanario Miradas al Sur de Buenos Aires, señala que “hoy el campo de batalla es simbólico. Estamos en plena batalla cultural: la guerra por imponer imaginarios colectivos se da a través de medios cibernéticos, audiovisuales, gráficos. Y para pelear esas batallas por la democratización de la palabra y de la imagen, de nuestras sociedades, hay que aprender a usar estas nuevas armas, las cámaras, internet, micrófonos”.

El desafío comunicacional es “vernos con nuestros propios ojos”

“El principal problema de los pueblos latinoamericanos es que siempre nos vimos con ojos extranjeros, de que no nos conocemos a nosotros mismos, de que no vemos nuestro reflejo en el espejo. Esto todavía está vigente. Y la culpa no es solo de los medios de comunicación hegemónicos, sino que todavía no podemos sacarnos de encima el pensamiento colonial”, precisa el autor de La internacional del terror mediático.

Aharonian es claro a la hora de definir la cuestión de la democratización de la información: “Creímos que democratizar la comunicación era tener la posibilidad de tener cien nuevas radios, mil nuevas televisoras. Eso es una forma de democratizar la tenencia de las frecuencias. Pero no vamos a democratizar la comunicación sino producimos nuevos contenidos para estas nuevas radios y las nuevas televisoras. No podemos hablar de democratización de la información cuando la imagen de los noticieros está provista en el 85% de los casos por dos agencias trasnacionales. La agenda la manejan así las trasnacionales”.

Lo alternativo no significa marginal

Al llamar la atención sobre la falencia comunicacional de América Latina que se refleja en el hecho de que los medios son un plagio de los modelos originados en los países hegemónicos, el autor se queja de que “seguimos entrampados en que ‘ya está todo inventado’ y, también por ello, seguimos copiando modelos extranjerizantes (demostrando que aún no hemos podido deslastrarnos del coloniaje cultural) y haciendo una comunicación reactiva (y no proactiva) a la agenda que nos imponen los medios hegemónicos. No sabemos quiénes somos, cómo somos, qué queremos comunicar. Y así siempre vamos a ser reactivos, no nos vemos en nuestros propios espejos. Debemos ser creativos y sin duda se puede hacer un noticiero televisivo o una revista radial masiva donde la audiencia pueda sentirse integrada a la información y no tratada solo como receptor pasivo”.

Otro de los asuntos que toca en su libro el periodista uruguayo es el concerniente a la prensa alternativa en América Latina. Sobre el particular anota:

“Ante todo hay que romper con el verso de que alternativo significa marginal: es totalmente lo contrario, porque para ser alternativo (al mensaje hegemónico) hay que pensar en lo masivo, con medios masivos o con redes de medios populares. Pero para eso es necesario tener un proyecto común, sobre principios comunes, que permita producir y compartir contenidos en cualquiera de las plataformas que lo programemos. Las llamadas redes sociales, las nuevas tecnologías son solo herramientas, para por allí irradiar los mensajes en cualquier plataforma. Muchas veces, desde el campo popular, nos quejamos que no tenemos los recursos de las empresas trasnacionales… pero creo que en general los fracasos vienen por falta de idas (y no de dinero), por falta de convencimiento en el proyecto colectivo (o ausencia de éste) y por la gran dificultad que tenemos para juntarnos: todos quieren ser protagonistas, aunque sea de un medio marginal, pero protagonistas. Con ideas, con creatividad, podemos conseguir los recursos y llevar adelante proyectos masivos; el dinero no produce ideas ni creatividad, y muchos menos en el camino de la democratización de comunicación y la información”.

Sobre la formación de las escuelas de periodistas, Aharonian dice que “la academia en general está anclada en los años 70, cuando el pensamiento latinoamericano sobre comunicación e información era de los más avanzados. Hace más de 40 años de eso. Y no se ha producido nueva teoría y nuestras universidades siguen recitando los viejos textos, descontextualizados, obviando la nueva realidad latinoamericana y de cada uno de nuestros países, olvidando el pensamiento crítico regional (que hoy toman como bandera en países europeos, por ejemplo), para devolvernos cada año miles, miles y miles de comunicadores y periodistas con un título universitario, sin conocimiento de la sociedad a la que deben prestar servicio y muchas veces sin la suficiente profesionalización en el uso de las herramientas disponibles hoy”.

Considera por lo anterior que debe ser tarea de los Estados “fomentar la recomposición de los espacios públicos, de la formación de comunicadores populares, del fomento (no hablo de financiamiento) de medios populares. Si no formamos nuestra juventud en estos principios democráticos, difícilmente podamos mantener la esperanza en el futuro. Recuperar nuestra memoria histórica significa saber de dónde venimos, para saber hacia dónde vamos. Un pueblo que no sabe quién es, cuáles son sus raíces, difícilmente pueda cambiar su futuro, y éste le será impuesto siempre desde afuera”.

Dentro de ese contexto, Aharonian colige que “nuestros medios tradicionales han sido por 200 años invisibilizadores de nuestra historia, ocultadores de nuestras mayorías, ninguneadores de las luchas, las conquistas y los anhelos de nuestros pueblos, negadores de nuestra diversidad étnica y cultural y del pluralismo de nuestros pueblos. No nos conocemos dentro de nuestras naciones, no sabemos casi nada sobre nuestros vecinos… pero seguimos recitando nación e integración. Hoy los oligopolios y monopolios mediáticos, en manos de conglomerados económicos, se han convertido en el primer poder en muchos de nuestros países y son la punta de lanza en los intentos de desestabilización de nuestras democracias, en aras de reponer el viejo orden conservador, elitista, dependiente, cipayo, colonial”.

La nueva arma mortal no esparce isótopos radiactivos, se llama medios de comunicación de masas

En contraste, aborda el modelo comunicacional estadounidense cuyo gobierno y sus corporaciones utilizan como arma de alienación cultural:

“El principal rubro de exportación de Estados Unidos no son las armas, sino los contenidos, con los que nos bombardean -a través de la información, la publicidad y las llamadas industrias culturales (series, ficción)- 24 horas al día en la sala o el dormitorio de nuestras propias casas. Estamos en plena batalla de ideas, en la guerra cultural: la nueva arma mortal no esparce isótopos radiactivos, se llama medios de comunicación de masas, que en manos de una cuantas corporaciones, manipulan a su antojo y en función de sus intereses corporativos (económicos, financieros, culturales, religiosos o políticos), imponen imaginarios colectivos”.

Se lamenta que en América Latina “ningún organismo de integración regional tiene en su agenda el tema de la comunicación y la información. Y eso seguirá siendo así hasta que nuestros movimientos sociales (ese abajo que se mueve para llevar al gobierno a fuerzas progresistas), nuestros periodistas y comunicadores, se conviertan en parte de estos procesos de integración. Esto es básico para la construcción de una nueva comunicación, para el avance de nuestras industrias culturales (aunque a muchas no les guste el término), para que -por fin- comencemos a vernos con nuestros propios ojos, y no con ojos extranjeros ni con ojos de patrones apátridas. Toda construcción se hace desde abajo, ladrillo a ladrillo, hombro con hombro, colectivamente.Lo único que se construye desde arriba….es un pozo”.

Importancia de los observatorios de medios

Frente a la desvergonzada manipulación de los oligopolios mediáticos Aharonian considera de otro lado relevante que la sociedad civil organice observatorios de medios.

“Teniendo cuatro poderes, -explica-, necesitamos un quinto poder: la auditoría social de esos medios a través de los observatorios de la sociedad civil, que se organice para protestar por la mala utilización y servicio que prestan en materia de comunicación. Necesitamos un quinto poder que es la auditoría social de esos medios. Otra sería con la asociación de usuarios para protestar por la mala utilización de productos y servicios que prestan los medios. La gente está preparada para analizar los discursos, las formas de presentar la información, no solamente los cuantitativos o cualitativos que tiene que ver con la calidad de las noticias. En algunos países los observatorios están avanzando en estudiar la forma en la que están actuando y repitiendo los mismos mensajes en los diarios, que es la cartelización de los medios, donde hay un mensaje y una imagen única que se impone para crear cierto desconcierto. Por ejemplo, en Ecuador se ha creado la imagen de que la ley sobre herencias y plusvalía es contra los pobres. No logro entender eso porque apenas puede interesarle al 2% de la población, en un país donde la posibilidad de hacer cambios estructurales que tenga que ver con una mayor inclusión, equidad, tiene que ver con la recaudación de fondos por parte del Estado para pagar esos programas sociales”.

Considera que “la eficiencia de los observatorios es que no tienen una columna vertebral que los integre; y la deficiencia es que muchas veces dejan sus observaciones en sus pequeños espacios y no difunden”.

Sobre su naturaleza, el periodista uruguayo resalta que “es importante que los observatorios no sean estatales. Durante mucho tiempo se hizo sobre el cumplimiento de las obligaciones que tenían los gobiernos sobre los Estados. Ahora es más perjudicial para la democracia la cartelización de los medios privados. La observación se fija sobre todo en la maniobra de las empresas o corporaciones que manejan los medios. Es necesario analizar a fondo porque sin tener una democratización de la comunicación es muy difícil que podamos tener nuevas sociedades y democracias más inclusivas y más equitativas”.

http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones108/nota23.htm

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