Por: Dr. César Montaño Galarza
Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar
No son pocos los que se plantean que, en tiempos de inteligencia artificial, y de crisis ética y deshonestidad académica, la Universidad ya no tiene sentido ni justificación, por esto también se preguntan si acaso esta institución antigua se agotó porque ya no tiene casi nada que ofrecer a la sociedad. Está en debate precisamente el rol de la Universidad, su relevancia social y su futuro en el Siglo XXI, cuando existen incluso empresas que compiten con ella ofreciendo formación, prescindiendo así de la titulación universitaria.
La Universidad, autónoma por definición, es más que un aula, es un bien público, sede del conocimiento, de los valores, de la razón y la verdad, formadora de capital humano; siempre ha funcionado como un ascensor social acortando brechas, y como un alentador del adelanto de los países. La Universidad ha sido impulsora de cambios revolucionarios en el mundo; también el centro de generación de conocimiento para la realidad, el epicentro del enfoque crítico y de creación de soluciones a las problemáticas sociales, formadora de ciudadanos éticos, transparentes y responsables.
En época de nueva revolución tecnológica, de disrupción y manipulación de la información, la comunicación, y la educación, se debe volver a lo esencial: valorar el rol de la Universidad para solucionar graves problemas, para pensar, calcular, intuir y prestar atención con fin liberador, contra la deshumanización. La Universidad, fuente de las humanidades la ciencia, la innovación y la tecnología, debe enseñar a pensar con los sistemas informáticos, sin pensar como ellos; debe generar una voz distinguible de otras. En la Universidad se reconoce las diferencias, lo plural, al resto, al otro. ¿Qué hubiese sido de la Ilustración y del Siglo de las Luces sin la Universidad? ¿Qué hubiese sido de la humanidad sin la Universidad que da al mundo relevantes científicos, sabios y pensadores?
Mientras, la inteligencia artificial -a la cual no se debe temer-, carece de moral, empatía, conciencia y juicio ético, la Universidad, con método, continúa siendo un espacio con visión de futuro, incómodo, de diálogo y de preguntas, de interacción social. La universidad seguirá siendo imprescindible para la democracia, también como lugar para el aprendizaje y la creación de conocimiento como tarea colectiva, crítica y propositiva. La tecnología continuará siendo instrumento útil para potenciar las actividades propias de la academia.
