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¿Qué hacer cuando te dicen que no puedes?

Por: José L. Pantoja PhD.

Cuando una persona recibe halagos, premios, o reconocimientos, por lo general se motiva para seguir con su trabajo o avanzar en sus estudios. El ser reconocido es un aliciente para continuar cumpliendo de buena forma con nuestras obligaciones. ¿Pero qué pasa cuando recibimos mensajes que nos desmotivan, que nos frenan, que no nos permiten continuar? ¿Qué pasa cuando los demás no creen en nosotros y nos transmiten ese sentimiento de inseguridad y desconfianza? Siempre aparece alguien que te dice: ¡No puedes! ¡No pierdas el tiempo con eso! ¡Así ya estás bien, mejor disfruta de la vida y diviértete! ¡Estas mejor viviendo con tus padres! ¿Para qué te vas a ir tan lejos?

Cuando esto sucede muchas personas creen en estas frases, y por sorprendente que parezca, esas frases pueden venir de amigos, compañeros de trabajo, profesores, e incluso de la propia familia. Quizá también, y de forma inconsciente, nos convencemos a nosotros mismos de que no podemos. Pero mucho ojo, el que te digan que no puedes no significa que te deseen el mal. Resulta que hay personas que, sin tener mala intención, pero que al no poder hacer algo por sí mismas, piensan que tú tampoco puedes. El resultado a esta situación puede tener dos finales: 1) que permanezcas estancado en un mismo lugar o situación -es decir, en una zona de confort, o 2) que vayas en la vida como barco a la deriva -es decir, sin rumbo fijo.

Hoy les comparto un poco de lo que ha sido mi vida en unas líneas. Nací y crecí en una parroquia rural del cantón Pimampiro, en Imbabura. Vengo de una familia de escasos recursos como muchas otras de la región andina y de nuestro país. Pero mis padres, a pesar de su desconocimiento por no haber terminado la educación primaria, siempre trataron de hacer lo mejor para mí y mis hermanos. Por eso, en el año 1993 decidieron salir a Ibarra para darnos acceso a una mejor educación. Ahí fue la primera vez que alguien dijo: ¡No puedes! Había tenido un buen desempeño mientras estaba en la escuela primaria en la parroquia rural, pero esa persona creía que no tenía el potencial para rendir igual o mejor en la ciudad y me aconsejó no sentirme mal si mis calificaciones no seguían siendo buenas. Al fin y al cabo la gente del campo es más ingenua, por no decir más ignorante, que la gente de la ciudad. Al menos eso es lo que se creía en ese tiempo. Terminé quinto y sexto grado de la primaria en Ibarra con el promedio más alto de mi promoción (entre unos 70 estudiantes).

Al terminar la primaria yo quería ir a un colegio privado, pues en ese entonces la educación pública era más deficiente que la educación privada. Sin embargo, mis padres no estaban en condiciones de pagar esa educación. Nuevamente alguien se enteró de que yo quería ir a un colegio privado y como conocía la situación de mis padres, esa persona me dijo: “No te metas a ese colegio, de gana vas a gastar plata, anda mejor a un colegio público”. Lo que esta persona no sabía es que, por mi desempeño y las recomendaciones de mis profesores, había obtenido una beca para ir al colegio que yo quería. En el colegio no fui el primero de mi promoción (87 estudiantes), ese es un tema para otro artículo pues también fue una gran lección para mí (siempre hay alguien que te puede superar). Sin embargo, mantuve un buen desempeño y eso me motivó para buscar opciones de estudio fuera del país.

Mis padres desconocían sobre lo que significa el tener una formación académica a nivel universitario. De hecho, cuando les comenté que quería estudiar fuera del país, ellos se quedaron con muchas interrogantes. Por ello y con toda buena intención, mi papá buscó asesoramiento con alguien que él conocía para tener una mejor idea de lo que yo quería hacer. Esa persona, al enterarse de mis intenciones me buscó y me dijo: “Eres un tonto, un inconsciente, un irresponsable; quieres salir fuera del país a pesar de la situación de tus padres; vas a llenarnos de deudas y hasta te puede ir mal por allá”. Incluso me dijo esta frase: “Las cobijas solo se estiran hasta donde llega el filo de la cama”.

No le respondí a esta persona y dejé que el tiempo hablara por sí solo. Siempre he preferido demostrar con hechos que mis sueños y metas tienen su razón de ser. Lo que si hice fue prepararme para rendir los exámenes de la mejor manera y así obtener la beca que deseaba. Por eso pude salir a realizar mis estudios universitarios desde el año 2002. Desde entonces cursé toda mi carrera fuera del país, y aunque hubieron personas que me alentaban a seguir adelante, siempre aparecían personas que por a o b razón me decían: ¡No puedes! ¡Mejor no te preocupes por eso! ¡Relájate, ya estás bien con lo que has logrado! De hecho, cuando conocí sobre las oportunidades de estudio en EE.UU. y me propuse aprender inglés, hubieron personas que decían… ¡Mejor ya no sigas estudiando! ¡Ya no te vayas tan lejos! ¡Ya sacaste la ingeniería, con eso es suficiente, es hora de que vuelvas a Ecuador! Con el tiempo aprendí que estas personas, sin querer, se convierten en parásitos a los que hay que eliminar.

A veces medito sobre este tipo de situaciones y me llama la atención el ver que algunas personas hacen caso a este tipo de frases y dejan escapar oportunidades.

Hace poco conocí el caso de estudiantes que, convencidos por sus padres, renunciaban a becas el mismo instante de abordar un avión (al parecer el ¡hija/hijo, mejor no te vayas! pesaba mucho más en sus vidas que la posibilidad de crecer profesionalmente y deciden renunciar a una beca).

También les comparto que el año 2013, mientras terminaba mis estudios doctorales, habían personas que me decían: ¡No vengas a Ecuador, aquí estamos cada vez peor! Un amigo mío que es residente en EE.UU. llegó a decirme: “¿Por qué extrañar Ecuador? ¿Para qué volver? Es mejor quedarse aquí y punto. En las actuales circunstancias Ecuador no es un país para extrañar ni para ayudar a cambiar, porque lo más seguro es que uno termine mal parado al opinar diferente a otro. Una cosa son los sueños y otra muy distinta son las quimeras.

¿Por qué extrañar un país en donde la cantidad de profesionales desempleados es alta y la cantidad de personas que no tienen profesión es más alta todavía? ¿Por qué extrañar un país donde los hombres y mujeres son rechazados en una entrevista de trabajo en su mayor etapa productiva? ¿Por qué extrañar un país donde más del 30% de mi sueldo se va en la educación de un hijo? ¿Por qué extrañar un país donde el soborno es normal a la hora de ganarse un contrato, obtener un documento, o incluso pasar de grado/curso/nivel? ¿Por qué extrañar un país en el que ser honesto es algo de destacar? ¿Por qué extrañar un país que piensa que porque sus principales ciudades tienen barrios de ricos que están “bien”, todo lo demás está bien? ¿Por qué extrañar un país que enseña intolerancia y clasismo a mis hijos? ¿Por qué extrañar un país que tiene hospitales, supermercados, y universidades de primera y segunda clase? ¿Por qué extrañar un país donde el cholo, longo, y negro son discriminados? ¿Por qué extrañar un país donde un politiquero tiene más estatus y credibilidad que el ciudadano promedio, y por eso recibe más atención y beneficios? ¿Por qué extrañar un país que tiene lagos, montañas, y valles; pero si uno va con sus hijos a pasear por ahí, no sabe si los delincuentes lo dejarán regresar sano y salvo? ¿Por qué extrañar un país donde mi hijo puede ser asaltado o secuestrado mientras va o regresa del colegio? ¿Por qué extrañar un país donde el vivo se sale con la suya y abusa de los demás?”.

Medité mucho antes de contestar a mi amigo, pero cuando lo hice le dije: Amigo, los ecuatorianos tenemos un debate: vaso medio lleno o medio vacío. Cada persona puede conseguir evidencias que apoyen con detalle que nuestro país está lleno de brechas, fisuras, y paradojas. Hay quienes dicen que ante una crisis algunos lloran y otros venden pañuelos. Yo decido vender pañuelos y no llorar. Yo decido ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Y lo más importante, decido ser un actor del cambio y no un espectador, pues cada uno es arquitecto e ingeniero de su propia vida. Porque la vida es eso, ¡una elección! Y la experiencia me ha mostrado que cuando hago caso de los comentarios negativos todo se vuelve oscuro y no encuentro la salida. Pero cuando veo las oportunidades y las posibilidades, se me abren ventanas que nunca había visto. Por eso, para mí: Las dificultades son únicamente oportunidades para aprender a ser mejores.

Ecuador está lleno de oportunidades, de arquitectos rediseñando el país y de ingenieros planificando la forma de construir el Ecuador que todos queremos.

Todo cambio requiere un proceso serio. Si queremos construir un castillo no lo podemos hacer de un solo movimiento, por el contrario, debemos ir ladrillo por ladrillo. Lamentablemente muchos de nosotros nos acostumbramos a quejarnos y a culpar a los demás. No pasamos una clase, entonces es culpa del profesor. Le dieron el ascenso laboral que esperabas a otra persona, entonces la otra persona es chupa medias. Somos pobres, entonces es culpa del gobierno. Y así múltiples ejemplos que vemos en nuestra vida diaria. También es común ver gente que se vuelve esclava de los “Es que”… Es que mis papas no me apoyaron. Es que el profesor es malo y no explica bien. Es que no tengo tiempo para aprender inglés. Etc. Sin darnos cuenta perdemos nuestra autonomía y desaprovechamos la libertad que tenemos para salir adelante por nuestra cuenta, porque así nos hemos acostumbrado.

Tenemos un país rico por toda su gente, por aquellos que se levantan de madrugada a ganarse el dinero para su sustento diario, por los que permanecen en su empleo hasta altas horas de la noche para llevar pan a su hogar, por los que se esfuerzan por educar a sus hijos, por los que a la distancia apoyan a sus seres queridos, por los estudiantes que se esfuerzan por superarse a sí mismos. Ecuador es grande porque así somos los ecuatorianos y porque queremos lo mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Por eso debemos confiar en Ecuador y respirar un aire nuevo; y como el aire, muchas de las cosas buenas no se ven, sino que se sienten, se perciben, se disfrutan. Durante mi formación profesional he podido estar en varios países, incluido EE.UU. Esta oportunidad me mostró cuan ricos somos los ecuatorianos. Ahora valoro todo el potencial que tiene nuestro país para alcanzar un desarrollo sustentable y a largo plazo. Pero para lograrlo, debemos dejar a un lado los “Es que” y los “No puedo”.

Aún hay mucho por hacer, pues debemos aprender a administrar toda la riqueza que tenemos. No debe ser un trabajo de unos pocos, sino el resultado del aporte de todos. Debemos dejar la costumbre de solo pedir que las cosas se hagan, y de permitir que nuestras limitaciones triunfen sobre nosotros. Con quejarnos y dejarnos convencer con los “no puedo” no ganamos nada. Son aquellos que se atreven a actuar los que verdaderamente pueden ayudar a construir el país que queremos. Amigo, aquí te comparto una frase de Steve Jobs, genio de la computación: “En la vida solo podemos hacer algunas cosas porque tenemos un tiempo limitado. Por eso brindo por los locos, los inadaptados, y los rebeldes. Brindo por los que cambian las cosas. Porque solo quienes están suficientemente locos para creer que pueden cambiar el mundo son los que lo logran”.

Los ecuatorianos debemos aprender a transformar el sufrimiento que llevamos dentro en una apreciación profunda por las cosas pequeñas de la vida. Y luego, la gente apasionada por las cosas positivas debe contagiar a otros. Hoy por hoy más ecuatorianos tienen acceso a educación y algunos salen a especializarse fuera del país para luego regresar y contribuir al crecimiento que estamos forjando. Pienso que los ecuatorianos, al levantarnos de varias crisis, nos hemos vuelto un pueblo comprometido, curioso, luchador, y trabajador. Ahora nos distinguimos por tener una mentalidad de lucha. Si tratas de convencerme de que me quede en EE.UU., yo te diré que Ecuador es el país en el que quiero sembrar y cosechar, en él quiero construir mi casa, formar mi familia, y en él quiero que me entierren. Estamos cambiando muchas cosas que frenaban nuestro desarrollo, pero aún tenemos mucho por hacer, porque apenas hemos dado los primeros pasos. Por eso, me gustaría ver una reinvención de Ecuador y para ello debemos trabajar unidos y dejar de quejarnos. Por eso yo asumo el reto de regresar a Ecuador y vender pañuelos sin hacer caso de los “No puedes” con los que tú tratas de convencerme. Y más bien te pregunto a ti: ¿Quieres ser parte del cambio o te dejarás convencer por tus propios no puedo?

Esa fue la respuesta a mi amigo.

Quizá si le hubiera hecho caso tal vez seguiría en EE.UU. Pero ahora, después de mi regreso, sé que tomé la decisión correcta, pues, estoy haciendo lo que me gusta y formo parte del proceso que me interesa como ciudadano de este país y del mundo. Pero les cuento que a mi llegada habían algunas personas a la que escuchaba decir: “¡Este profesor es muy joven! ¿Qué experiencia va a tener?…” Obviamente mis energías están concentradas en conseguir resultados positivos a pesar de que para otros parezca demasiado joven y carente de experiencia. Y déjenme decirles que los estudiantes están valorando y aprovechando el trabajo que se realiza como docente.

Señores: creamos en nosotros mismos, en nuestras capacidades, y no en los “no puedes” o en los “es que” que las sociedad constantemente nos transmite. Si es posible, eliminemos a esos parásitos que nos frenan en el camino hacia el éxito que tanto anhelamos. Si queremos salir a estudiar, debemos creer que si podemos lograrlo y debemos prepararnos para conseguirlo. Si queremos ser de los profesores que inspiran a los estudiantes, entonces preparémonos didáctica y académicamente. Si deseamos sacar adelante un proyecto, trabajemos por ello. Y si alguien te dice que no puedes, entonces sé poquito necio ante esas personas y no te rindas, cuida tus sueños y anhelos, no hagas caso a esas palabras, y lucha por conseguir lo que quieres.

¡El cielo es el límite!

EcuadorUniversitario.Com

NOTA DEL DIRECTOR

El Dr. José Luis Pantoja PhD. se graduó como Ing. Agrónomo en la Escuela Agrícola Panamericana – Zamorano, en el 2005. Luego realizó una práctica profesional en Manejo y Conservación de Suelos en la Universidad de Florida. En el 2009 obtuvo su Maestría en Fertilidad de Suelos en la Universidad de Arkansas, y en el 2013 obtuvo su Doctorado, también en Fertilidad de Suelos, en la Universidad Estatal de Iowa. A continuació se vinculó como científico PROMETEO de la SENESCYT, y desempeñó funciones de docencia e investigación en la ESPE – IASA I. Hoy está vinculado a la empresa privada.

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