El derecho a la comunicación


La democracia se sustenta en el consenso y el consenso se forja en el contraste libre de las ideas. Nuestro sistema perdura porque los ecuatorianos ejercemos constantemente la libertad de expresión, sugiriendo, cuestionando y criticando las acciones de los poderes establecidos.

El vínculo espiritual que entrelaza el tejido social de nuestra nacionalidad, es tanto más fuerte, cuanto más vigoroso es el libre intercambio de informaciones y de opiniones. Nadie es poseedor de la verdad absoluta. Y en la democracia, sistema en que la soberanía reside en el pueblo, la búsqueda de la verdad es tarea común que incumbe a todos los ciudadanos por igual.

La libertad de expresión es una de las conquistas más extraordinarias de la humanidad. La lucha por el derecho a manifestar sin cortapisas ni temores el pensamiento de cada uno, es la historia del esfuerzo permanente del hombre por encontrar sistemas de convivencia cada vez más equitativos y más libres.

Primero fue la libertad de opinión de los ciudadanos que se ejercía en el ágora griega. Después en la República Romana, “los cónsules detentaban el poder supremo; los pretores se ocupaban de las cuestiones legales; los censores regían la moral pública; los ediles dirigían los mercados, templos y celebraciones y los cuestores eran los encargados del tesoro público. El Senado, formado en sus inicios por los jefes de las distintas clases, cumplía la función de asesorar y aprobar las decisiones de los cónsules” (1)

Por defender el derecho a la libertad de opinión perecieron muchos mártires de la religión, la política y la cultura. Con el advenimiento de la imprenta de Gutenberg, el mismo derecho fue planteado como la libertad de imprenta. La expansión del conocimiento, de la ciencia y de la cultura por el orbe representa una revolución de dimensiones universales al amparo precisamente de esta libertad fundamental. La aparición de la prensa de circulación masiva a finales del siglo XIX transformó ese derecho milenario en la libertad de prensa, por la que todavía seguimos luchando.

En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos recogió una formulación más amplia para responder al surgimiento de la radiodifusión y del cinematógrafo: la libertad de expresión. En nuestros días, la revolución de la tecnología y de las comunicaciones plantea la conveniencia de ensanchar el significado de esta gran conquista de la humanidad en una formulación adecuada a los tiempos y al espíritu democrático que domina nuestra época: el derecho a la comunicación.

(1) Civilización y Cultura- LEXUS

2012 EcuadorUniversitario.Com

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